Batman y el reinicio perdido

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Ahora todos sabemos que Ben Affleck será el nuevo Batman (oye, el Caballero Oscuro siempre se juró no mostrar nunca sus emociones, la elección no parece tan mala) y que se enfrentará a Superman en la secuela de Man of Steel. Y, aunque todavía nos queda por ver la forma en la que abordarán el personaje, durante un tiempo tuvimos la libertad de imaginar cómo sería el reinicio de la saga cinematográfica tras la trilogía de Christopher Nolan.

Poco tardó Warner en anunciar un nuevo comienzo para Batman tras The Dark Knight Rises. No sabemos qué alternativas tenía la productora en sus despachos pero era obvio que la jugada más conveniente era alejar la nueva aventura de Batman del tono realista y oscuro (todo es realista y más oscuro que el sobaco de un grillo desde que se estrenó Begins en 2005) de sus predecesoras, por lo que era una buena oportunidad para recuperar la faceta fantástica de las aventuras del Murciélago Justiciero. Con eso no quiero decir la versión discotequera propia de Pachá que iluminó Joel Schumacher, sino romper un poco los grilletes del realismo de forma que la franquicia tuviese más espacio en el que jugar.

Y es que el Caballero Oscuro no sólo se puso de moda en la gran pantalla gracias a Nolan, sino que también irrumpió con fuerza en las videoconsolas y ordenadores domésticos gracias a Batman: Arkham Asylum (2009), desarrollado por Rocksteady y que no sólo se convirtió en el mejor juego del personaje, sino también de todos los superhéroes habidos y por haber, sólo superado por su secuela Batman: Arkham City (2011).

Ambos no sólo nos convertían en él, sino que nos hacían SENTIR que éramos Batman. Pero no voy a enumerar las grandes virtudes que poseen, sino que me voy a centrar en lo que se convertiría en una gran semilla para el reinicio cinematográfico: el universo creado en apenas dos entregas por Rocksteady.

Se nota que sus orígenes están vinculados los cómics de Batman realizados por Neal Adams y Frank Miller, con un Caballero Oscuro de notables músculos, golpes contundentes y un nulo aprecio por el bienestar de sus enemigos más allá de que no mueran. Sin embargo, también demostraba ser el mejor detective del mundo con una lógica aplastante y una deducción brillante, acompañado de un uso perfecto del miedo como arma disuasoria. Además, siempre era mucho más conveniente derribar a los villanos de forma sigilosa que irrumpiendo cual elefante en una cristalería.

Ya tenemos a nuestro Batman multidisciplinar, con incluso una mayor entereza que el representado por Bale en el cine. Sólo hay que comparar la reacción de ambos ante el gas tóxico del Espantapájaros: mientras uno navegaba por las pesadillas producidas por el compuesto y derrotaba al villano, el otro echaba los higadillos y llamaba a Alfred como un niño pequeño. Ganamos con esta pérdida de vulnerabilidad necesaria para poder darle un enfoque realista al Caballero Oscuro, ¿no? Y cuidado porque el Batman de los juegos no está falto ni mucho menos de empatía, incluso se puede ver momentos de condescendencia con sus enemigos, como el amor enfermizo de Harley Quinn, la honorabilidad de Talia al Gul o el amor perdido de Mister Frío. Aunque tenga que romperles las piernas, no puede evitar sentir pena por alguno de ellos.

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Luego tenemos el genial emplazamiento del Asilo de Arkham, basado en lo que pudimos leer en Un Lugar Sensato en una Tierra Sensata de Grant Morrison, que deja de ser un simple edificio hospitalario en Begins para pasar a ser una isla alejada de Gotham, un tumor necesario de retorcido diseño, inspiración gótica y tapadera de incontables secretos.

La guinda lo pone el sensacional guión de Paul Dini, que ya se encargó de la mítica serie de dibujos animados. Aquí no tenemos ninguna interpretación psicoanalítica de nadie, sino una deliciosa trama de conspiración encubierta con un Joker desquiciado intentando hacer lo que mejor se le da: producir la mayor destrucción posible.

Es aquí donde se desata el potencial de la saga Arkham como sucesora de la franquicia cinematográfica. Nos encontramos con Batman, un simple humano a pesar de toda su preparación, que se enfrenta a enemigos con habilidades sobrehumanas que no se tienen que regir por ninguna explicación científica ni ninguna ley física.

Claro que hay villanos factibles sin recurrir a la fantasía como Victor Zsasz, el Espantapájaros, el Pingüino o Enigma (que se convierte en un más que digno sucesor del antagonista de Saw); pero conviven con malvados como Hiedra Venenosa con sus toxinas y su poder sobre las plantas, un Ra’s al Ghul realmente inmortal, un Bane convertido en coloso por la droga Venom, un Dos Caras deliciosamente odioso, el estremecedor y brutal Cocodrilo Asesino o un Mister Frío con su trasfondo razonable que explica pero no justifica sus actos criminales. Todo eso sin olvidarnos del Joker, nada de pinturas, nada de cicatrices ni sonrisas de Glasgow, nos encontramos de nuevo con la versión más gamberra y cruelmente bromista del Príncipe Payaso del Crimen.

Es esa libertad creativa la mayor baza para el reinicio cinematográfico, además de que no sería un cambio traumático para los seguidores cinéfilos pues los juegos mantienen la estética oscura y sobria de las películas de Nolan pero añadiendo un importante componente tenebroso que vuelve más turbadora la experiencia. Incluso la banda sonora de ambos Arkham mantiene ciertas vibraciones de las partituras de Zimmer, a lo que se añade inspiración de las composiciones de Danny Elfman para los largos de Burton. Al fin y al cabo, Rocksteady cogió lo mejor de las últimas encarnaciones de Batman en una mezcla que consiguió tener una gran personalidad. Todo está inventado, lo importante es mezclarlo con gusto, como dijo aquél.

Incluso se podría haber seguido la cronología que apuntan los videojuegos, con una trama que arranca en el Asilo, continúa en la Ciudad Arkham y que finaliza en un clímax en toda la ciudad de Gotham. Pero no… Ya es demasiado tarde… Ben Affleck será Batman, Matt Damon será Robin, se partirán la pana contra Superman… Puede que nos esperen gratas sorpresas acerca del proyecto pero, ay, Arkham se ha escapado de nuestras manos y sólo nos queda soñar con lo que pudo ser… y jugar al nuevo Batman: Arkham Origins en nuestras consolas.

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