Frozen: Un potencial que se derrite

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Un año más estamos a un pasito de las Navidades y, como es tradición, tenemos nueva película de Disney. Aventurándome en una sala llena de niños y acompañado de mi sobrino, fui con todas las ganas a disfrutar de Frozen: El Reino de Hielo, aunque finalmente… me dejó un poquito frío. Lo siento, no he podido evitarlo…

Tras la divertidísima Enredados, que me llevó a pensar que si fuese un tierno infante me hubiera enamorado perdidamente de Rapunzel, y la flojísima ¡Rompe Ralph!, a pesar de sus guiños a los videojuegos, por fin llegaba la retrasadísima Frozen, un proyecto que llevaba en la nevera (ay, perdón) de la compañía desde hace más de una década bajo el título de La Reina de las Nieves. Finalmente, la película ha salido adelante con la dirección y guión de Chris Buck (que ya dirigió Tarzán y Locos por el surf) y Jennifer Lee, que se estrena detrás de la cámara tras firmar el argumento de ¡Rompe Ralph!.

Inspirado, que no basado, en el cuento de Hans Christian Andersen, la historia nos presenta a las princesas Elsa y Anna, la primera de la cuales puede manipular el hielo, la nieve y el frío. Ambas están muy unidas pero, tras un accidente producido por los poderes mágicos de la hermana mayor, sus padres deciden ocultarla a todo el mundo, aislando a Elsa en palacio y borrando esa parte de la memoria de Anna. La tragedia continúa en la familia cuando los reyes mueren en alta mar, dejando a Elsa como heredera del reino, a pesar del temor que tiene de no poder controlar su magia. Cuando cumple la mayoría de edad y llega el día de su coronación, todo se complicará hasta límites insospechados.

El apartado visual es otro portento técnico de Disney, con una animación excelente, una recreación del hielo y la nieve fotorrealista y una expresividad de los personajes asombrosa. La iluminación que consiguen en esta Noruega atemporal demuestra el talento de la compañía pero precisamente por la naturaleza gélida del entorno no esperéis diseños complejos o ampliamente artísticos, aunque hay algunos detalles como el uso de los patrones de los copos de nieve muy acertados. En esta ocasión se ha dado prioridad a retratar el frío a través de las imágenes que en crear escenarios o personajes sorprendentes. Por eso, aunque en un primer momento los diseños parezcan poco inspirados, en realidad defienden la coherencia visual del producto. Eso sí, cierta criatura de nieve parece más un Gormiti que otra cosa.

Sin embargo, el guión no termina de ser redondo a pesar del evidente potencial que muestra. El relato comienza con un marcado carácter trágico, el terror de Elsa a no poder controlar sus poderes hiriendo a sus seres queridos y ser vista por todos como un monstruo, así como la muerte de los padres. La oscuridad que reina en los primeros compases se diluye con una introducción demasiado larga y sin apenas incidencias, dando la impresión de que se podría haber resumido de forma mucho más efectiva.

De esta manera, nos encontramos con las personalidades enfrentadas de Elsa y Anna, la primera fría y distante debido a sus poderes, la segunda alegre y campechana; una química que no se termina de explotar del todo y que representa una oportunidad perdida para la primera pues podríamos habernos encontrado con un personaje con muchos matices, más ambiguo y oscuro de lo que solemos ver en las películas de Disney sin perder de vista el público al que va dirigida. Al final no es más que un quiero y no puedo.

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De igual manera, el guión va a trompicones con momentos en los que ciertos personajes aparecen y cobran una importancia muy repentina, otros que parecían que iban a tenerla se diluyen, datos y sucesos que se explican fugazmente y se dan como sobreentendidos cuando no lo son, casi ningún personaje sorprende mínimamente… Da la impresión de que la historia no sabe muy bien qué hacer con ellos en algunos momentos o que había muchos más elementos en el guión que han tenido que ser eliminados.

En Frozen nos encontramos un apartado musical con mucha más importancia que en anteriores largometrajes de la factoría, con una trama salpicada de canciones con las que, personalmente, no conecté en ningún caso. Sus apariciones están muy descompensadas, acumulándose casi todas en la primera mitad de la película, y aunque sirven para retratar el ánimo de algunos personajes, apenas tienen peso argumental, por lo que interrumpen el ritmo más que otra cosa. Las composiciones tampoco son muy inspiradas, simplemente correctas, y todo funciona mucho mejor cuando los personajes hablan en vez de canturrear. Eso sí, puede que parte de la culpa sea de la traducción al castellano pues algunas letras parecían algo toscas y faltas de lirismo.

A pesar de todo, la película sigue siendo muy entretenida, con personajes simpáticos que enseguida caen bien, como Anna o Kristof, y el apoyo del reno Sven y el muñeco de nieve Olaf, que será el principal atractivo para los niños con sus momentos cómicos. Además, el guión sí se luce al romper dos convencionalismos clásicos Disney que paso a indicar tras una breve mensaje.

Si quieres romper la barrera mágica de los spoilers, selecciona el texto invisible a continuación.

En primer lugar, el príncipe encantador es en esta ocasión el auténtico malvado de la función. Sí, ese ansia por casarse con Anna mosquea al principio pero la película no nos da ninguna pista de que algo falla, cosa que tampoco es necesaria ante la manipulación del personaje. En efecto, el príncipe no sólo no arregla la vida a la protagonista sino que quiere acabar con ella, además critica esa manía de que las princesas clásicas Disney se tienen que enamorar de golpe y porrazo.

Por otro lado, también es habitual esos actos de amor verdadero para romper algún tipo de hechizo o maldición y conseguir el tan ansiado final feliz. Si bien el guión nos va dirigiendo hacia esa tradicional escena con su giro argumental incluido (y tampoco hubiera quedado del todo mal que así hubiera sido), no se produce entre dos enamorados, sino entre las dos hermanas. Una genial forma de mantener el mensaje familiar pero diversificándolo y no convirtiendo a las chicas en presas del amor, un convencionalismo que ya vemos que se destruye gracias al personaje de Anna.

Querido lector, ya puede continuar sin miedo al malvado monstruo de los spoilers.

En definitiva, Frozen es una película entretenida de gran factura técnica, ideal para los niños pero con algunos problemas de guión e inspiración que pueden lastrar la experiencia para los adultos. A mí me ha helado un poquito la cabeza, que no el corazón, pero para helados me sigo quedando con la trilogía del Cornetto… de la que, casualmente, hablaré dentro de poco.

6’5/10 BOLAZOS DE NIEVE

PD: Antes de terminar no puedo dejar de mencionar el corto de Mickey Mouse Get a Horse! que se proyecto antes de Frozen y que es toda una delicia, combinando la animación tradicional de los primeros años del personaje con el 3D. Un aperitivo de lo más divertido.

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