Guía de sabores de yogur: De lo glorioso a lo mierdoso

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El yogur ha acompañado al hombre desde el principio de los tiempos. Allí donde existía un niño que se negaba a comer fruta, acudía al rescate para que no se quedase sin un postre rico y nutritivo. Pero no todo es sabroso en el país de los lácteos. El arcoiris de sabores se extiende de la delicia casi orgásmica a auténticos atentados contra la humanidad.

Me ha llevado meses determinar el orden de la lista pero al final he escogido el mejor método: al azar y punto. Bueno, miento, primero realizaremos un sentido homenaje a los sabores que nos abandonaron de la noche a la mañana sin más explicación y terminaré con los casos más polémicos. Coged vuestra cucharilla favorita, que sé que la tenéis, pillines. Por cierto, he utilizado el índice Danone como base excepto cuando se indica lo contrario, que según la marca puede cambiar la cosa, más con algunas que parece que envasan los sobrantes del cemento de las construcciones.

· Vainilla: ¿Qué pasó con este sabor? ¿Acaso Yoplait tenía el monopolio sobre ese sabor? ¿Fue retirado por los Illuminati? ¿Produjo una generación de canis y se decidió quemar todas sus reservas? Un auténtico misterio pero era un sabor muy presente en mi infancia, que me encantaba y que, de buenas a primeras, desapareció, al menos de mis supermercados habituales. Una trágica perdida. Y sí, de pequeños no teníamos ni idea de la forma que tenía la vainilla y pensábamos que lo hacían con los pétalos de la flor que salía en los envases.

· Bombón: Sí, hay yogures de chocolate, pero ninguno como el Bombón de Clesa. Admito que también desapareció de mi vida, otro golpe muy duro que pude superar tras años de terapia. Y es que el encanto que tenía es que poseía la misma textura que los yogures normales (no era en plan natillas) y tenía un puntito dulzón de lo más característico.

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· Yogures Casper: Os pensáis que la cocina de fusión es un invento moderno, ¿no? ¡Pues os equivocáis, listillos! Los niños fuimos víctimas de muchas decisiones de marketing aplicadas al mercado alimenticio. Si no, no se explica la comercialización de los yogures Casper por parte de Danone. El fantasmita no daba miedo pero los extraños sabores que promocionaba sí. Cereza (el más normalito), leche merengada, cola (ojo cuidao, sin burbujas, eso sí) y chicle (el gemelo malvado de la fresa). El resultado casi siempre era el mismo: nos lanzábamos a probarlos y una y no más, santo Tomás. Muchos perdimos la inocencia a la primera cucharada, convirtiéndonos en hombres de pelo en pecho. Los niños a los que les gustaban no eran de fiar.

· Fresa: No hay mejor forma de recuperar la senda tradicional que con el sabor por antonomasia. Rico, suave, combina con todo… y nos permitió conocer la existencia de la cochinilla para nuestro terror y posterior ausencia de escrúpulos. Sí, el color rosado de los yogures de fresa era producido al machacar pequeños bichitos. Pero ojos que no ven, corazón que no siente, así que los seguimos devorando como tal cosa. Oye, lo mismo pasa con los chinos, si su carne es de gato, qué rico está el gato, cojones.

· Frutas del bosque/ Frambuesa: No es más que un spin-off del sabor de fresa, simplemente un poco más ácido. Por mucho que digan FRUTAS del bosque, no pasan de la frambuesa. Ni arándanos ni moras. Fresa más ácida y punto.

· Limón: El caso de este sabor es extraño. Tiene un color enfermizo, sabe a lavavajillas… pero es adictivo. A veces te entran ganas de echarlo en el cubo de fregar para que el parqué reluzca más y huela de vicio pero te lo acabas metiendo en la boca. Prefiero no mirar su lista de ingredientes para no llevarme una desagradable sorpresa. Aunque, claro, descubrí lo de la cochinilla y aún así…

· Piña: La piña, sea como sea, siempre es refrescante y sabrosa. El yogur no lo es menos, aunque a veces me entren ganas de clavarle una pajita y bebérmelo. Tampoco es un sabor muy extendido, por lo que aumenta en sofisticación y elitismo.

· Coco: Reconozcámoslo, casi nadie ha comido coco al natural. Sí, todos hemos visto los puestos de las ferias donde los venden con esos chorritos de agua pero muy pocos valientes se han animado a comprar un pedazo, porque también a saber cuántas veces ha dado la vuelta el agua esa por el circuito… El caso es que el 99% de la población sólo conoce el sabor del coco gracias al yogur y… es una especie de leche caducada pero no lo suficiente como para ser repugnante. Y te lo comes. Curiosamente, los yogures de este sabor suelen ser batidos y bebidos en vez de ser engullidos de la forma habitual.

· Macedonia: Teóricamente, este sabor nos debería traer un orgasmo de frutas en la boca pero… ¿A qué sabe realmente este yogur? ¿Alguien lo sabe? No. Sabe a muchas frutas y a ninguna. Tiene mucho mérito tener un sabor tan indeterminado pero lo suficientemente familiar como para no animarnos a denunciar al fabricante por publicidad engañosa.

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· Plátano: Pene. Jajajajajaja. Que sabe a pene. Jajajajajajajajajajajajajajajaja.

· Natural: El sabor puro del yogur, aunque muchos opinen que no sabe a ná. Falso. Sólo los elegidos pueden disfrutar del verdadero gusto de universo lácteo. Está el azucarado para las nenazas… aunque también está bueno. Y los que se creen unos sibaritas toman yogur griego… que también está bueno y suelta más de ese liquidillo riquísimo que algunos vierten sin pudor ni vergüenza ni buen gusto en la pila. Blanco y en envase…

· Tarta de queso: Es todo un experimento fallido. La premisa es genial pero hay cosas que sólo funcionan en su forma original. La tarta de queso ya es suave de por sí, por lo que en forma de yogur acaba muriendo de forma pacífica y tiene un gusto… neutro. Sí, hay algún atisbo de su personalidad original a lo lejos pero no se acerca a menos de tres kilómetros de las papilas gustativas.

· Galleta: ¿Qué necesidad había? Hay ocasiones en que los humanos juegan a ser Dios, que se creen más allá del bien y del mal, capaces de engendrar aberraciones como el yogur de galleta. Un sabor artificial, que sólo le puede saber a galleta a un loco, a un psicópata, al que ideó el anuncio de la Lotería de Navidad o a un disléxico de los sabores; un cartón mojado en leche tendría un gusto más amable que esta porquería.

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· Stracciatella (sí, he tenido que buscar en Google cómo se escribía correctamente): Aquí tenemos al orgasmo hecho yogur, marca Hacendado. Algunos podrán tildarme de elitista, de sofisticado, de tío bueno, de carismático, de rebelde, y no les faltaría razón. Ese yogur cremoso con sus trocitos de chocolate que crujen en la boca… Amigos, si alguna vez muero en una piscina de stracciatella, moriré feliz.

Y aquí acaba la guía. Sí, hay sabores que me he dejado en el tintero (bueno, en la nevera) pero, o no me acordaba o no me apetecía escribir más. Pero sois libres de comentarlos aquí mismo. Antes de terminar, gracias a Studio Kawaii, Mary y Ainoetis por sus aportaciones y a Faran por soportar mi tabarra sobre el tema.

Consumir preferentemente antes de que se te caduque la vista.

Bonus: Qué mejor forma de acompañar este texto que comprando envases antiguos de yogur.

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