Flappy Bird: Reflejo de la futilidad y frustración de la vida humana

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“La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre.”

 “No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada.”

Friedrich Wilhelm Nietzsche

Una de las principales preocupaciones del arte ha sido condensar y reflejar los matices de la condición humana, tanto en los conceptos más idealizados como en las taras más evidentes y complejas que atormentan la psique humana. Muchos lo han intentado y casi todos fracasaron en mayor o menor medida, dando lugar a productos y piezas superficiales que apenas arañaban la capa más externa de las ideas que intentaban retratar. Seguramente, Flappy Bird sea una de las escasísimas ocasiones en las que los creadores han alcanzado el éxito en su propuesta.

El estudio Gears ha construido una experiencia que nos enfrenta cara a cara contra nosotros mismos, nuestras esperanzas y frustraciones, un reflejo exacto de lo que nos define y que sobrecogerá a cualquier jugador que sea consciente de que ha caído en una habilidosa trampa que mostrará todas las miserias que intenta ocultar bajo la alfombra de nuestra conciencia. No es un juego para personas sensibles y se necesita un gran valor y fortaleza para afrontarlo sin acabar destruido psicológicamente.

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El apartado visual prescinde de cualquier adorno innecesario para cimentar una visión clara de nosotros mismos y nuestra posición en el mundo. El protagonista que controlamos es una especie de pájaro desproporcionado, con unas alas atrofiadas que, claramente, son incapaces de mantener en vuelo el cuerpo casi esférico e hinchado del animal, que también cuenta con un pico en forma de labios hinchados y grandes ojos. Obviamente, es una imagen metafórica del ser humano, henchido de nuestras esperanzas y planes de futuro, así como de las alabanzas huecas de nuestros coetáneos y de las ansias materiales que nos impiden en realidad volar como deberíamos y alcanzar las metas que nos marcamos. Si nuestras necesidades y deseos fuesen más sencillos y no estuviesen influenciados por los mensajes propagandísticas de esta sociedad capitalista, que mide nuestra felicidad en la cantidad de dinero que podamos gastar, todo sería mucho más fácil y podríamos alcanzar objetivos con los que jamás podríamos soñar.

Para redondear esa metáfora, el ave tiene unos ojos enormes, un indicativo de que el ser humano se deja llevar por las apariencias, el atractivo físico y la estética superficial y vacía de una sociedad que se debe completamente a la imagen, empezando por los medios de comunicación, que manipulan la realidad a través del control de las imágenes que vemos a través de la televisión, además de acentuar la importancia de poseer un aspecto que atraiga y encuentre la aprobación de nuestros congéneres, sin tener en cuenta el potencial y valores interiores de cada individuo. A esto se une el pico en forma de labios, otro detalle que deja claro la importancia que tiene la información oral transmitida entre las personas, con el peligro de manipulación y distorsión de la realidad que eso conlleva, así como el peligro de los rumores infundados, muchas veces responsables de situaciones muy graves en las que incluso se puede poner en riesgo vidas humanas.

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El fondo de la pantalla muestra una urbe en la lejanía, lo que lleva a deducir que nos quiere transmitir el mensaje de que hay que alejarse de las ciudades y sus tentaciones para depurarse e intentar realmente alcanzar una iluminación que nos es privada por la cantidad de distracciones y deseos huecos que habitan en el nido de la sociedad corrompida donde vivimos. Los únicos obstáculos que encontraremos serán una serie de tuberías entre cuyos huecos deberemos pasar con tino, una representación de las barreras que se interponen entre nosotros y la felicidad, por lo que tenemos que intentar colarnos entre los pequeños huecos que se nos conceden para aprovechar la oportunidad de alcanzar el fin último de nuestra existencia.

El control no permite que la experiencia sea todo lo fácil y placentera que podría en una acertadísima decisión muy coherente con lo que nos propone Flappy Bird. Ya he comentado anteriormente el significado del diseño del pájaro que nos representa, teniendo un reflejo práctico en la forma de controlarle. De esta manera, más que un vuelo grácil, avanzaremos mediante impulsos provocados al pulsar la pantalla táctil, convirtiendo la jugabilidad en un viaje tortuoso donde tendremos que emplearnos a fondo para avanzar de forma torpe y llegar lo más lejos posible para conseguir una buena puntuación.

Muchos se desesperarán al no poder superar más de un par de tuberías pero es ahí donde nos tenemos que dar cuenta que precisamente es un reflejo de la misma desesperación que experimentamos en la vida cuando vemos que no conseguimos los objetivos que nos proponemos, algo que sólo conseguiremos con gran esfuerzo y paciencia. Es delicioso lo bien implementada que está esa idea, marcando la diferencia entre los esclavos anestesiados de la sociedad actual y aquellos inconformistas que, por difícil que sea avanzar, lo siguen intentando, una y otra vez, sin desfallecer, aspirando siempre a dar un paso más adelante, sin importar las veces que fracasen, levantándose sin descanso. El estudio psicológico que ofrece Flappy Bird apenas tiene antecedentes no sólo en el mundo del videojuego, sino en el cultural y académico.

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A pesar de todo, el viaje que se nos presenta es un reflejo certero de la vida. Por mucho que avancemos, nunca alcanzaremos el final del juego, simplemente porque no tiene. Se prolonga eternamente y termina cuando morimos, no cuando llegamos a la meta. ¿Acaso no es así nuestra experiencia vital? Por mucho que nos esforcemos, nunca conseguiremos cumplir todos nuestros sueños y metas, siendo nuestro único final certero la muerte, algo que debemos aceptar y hacernos conscientes de que la vida es sufrimiento y como máximo sólo podremos conformarnos con lo que hemos conseguido, dejando a nuestra elección si se trata de algo válido o nos hundiremos en la miseria de la futilidad de la vida, que nunca podrá colmar nuestras expectativas. La experiencia del juego es devastadora a nivel psicológico.

Muchos pensarán que Flappy Bird es un simple juego para pasar el rato que explota el masoquismo latente de la gente para superar su máxima puntuación a pesar de un control difícil y tramposo similar al del mítico QWOP pero en realidad nos encontramos con un reflejo perfecto de nosotros mismos, de la condición humana, de las miserias y frustraciones de nuestra experiencia vital, una pieza que nos pone cara a cara con nuestra propia y patética imagen, sin ningún atisbo de piedad y condensando en una aplicación de menos de un mega toda la tortura que conlleva ser humano.

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Un comentario en “Flappy Bird: Reflejo de la futilidad y frustración de la vida humana

  1. En serio, a ver cuándo dejas de esfinar Nesquik antes de ponerte a jugar con el móvil y escribir estas entradas, porque vamos… Pienso que le harás un favor a la humanidad.

    P.D.: Tanto diseño metafísico del pájaro y el entorno, pero no caes en son copia mala de las tuberías de Mario y el pájaro… el pájaro es un cheep cheep descarado.

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