Alquilando ilusión: Los videoclubes de mi infancia

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Tras el recorrido por los recreativos de Alcorcón (del que espero que haya una segunda parte pronto con todos los que se me olvidaron o no llegué a conocer), sigo tirando de la nostalgia, porque vende y porque soy masoca, para dar un repaso a otros sitios en los que me tiré gran parte de la infancia y adolescencia: los videoclubes.

Para los jovencitos que no tienen mejor cosa que hacer que visitar este blog y que quizá no comprendan el concepto, los videoclubes eran la versión física y legal de bajarte una peli o un juego y borrarlo del disco duro a los tres días debido al cargo de conciencia. Un lugar hermoso donde disfrutábamos de todo aquello que no podíamos comprar por un módico precio durante escasos días. El procedimiento habitual solía incluir que tardáramos más tiempo en elegir qué queríamos alquilar que en ver posteriormente ese VHS o pasarnos el cartucho de marras. Y, oye, se estaba calentito en invierno y las carátulas ofrecían muy buen material de lectura. Luego teníamos esos momentos de pánico en los que deseábamos con todas nuestras fuerzas que detrás de la caja de muestra estuviese disponible eso que queríamos alquilar con tanta ansia.

El caso es que voy a hablaros de los videoclubes que frecuentaba en Alcorcón y, siguiendo con el esquema de los recreativos, también os comentaré qué negocio actual es… si es que han llegado a cerrar. Pista: Sí, todos menos uno.

BLOCKBUSTER VIDEO (C/Colón con c/Vizcaya y Avenida de la Libertad)

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Negocio actual: fábrica de pizzas (sí, la foto está anticuada) y banco.

Si no conocéis Blockbuster, os perdisteis un cachito de Hollywood en vuestra ciudad. Madre mía, ¡si hasta aparecía en películas como Parque Jurásico o El Último Gran Héroe! Los locales de esta franquicia, que poblaron las calles de toda España durante los 80 y 90, estaban hechos para impresionar y desde luego que lo conseguían. El simple hecho de caminar por entre los largos pasillos de estanterías llenas de películas y videojuegos, los carteles inmensos que aparecían a cada paso (incluidos los del escaparate, con esos marcos iluminados con bombillas), las televisiones emitiendo trailers sin parar… Te llevaban inmediatamente a otro mundo.

La sucursal de Alcorcón, como todas las demás, era inmensa, un gran espacio en forma de L, con una entrada donde estaba situado el mostrador para recoger y entregar películas. A la derecha normalmente solían poner los videojuegos y, en las primeras estanterías que te encontrabas, las películas que ya tenían algún tiempo. El pasillo transversal del fondo estaba dedicado a las novedades más o menos recientes. El viaje cada viernes a pillar una o dos pelis para el fin de semana fue tradición durante mucho tiempo.

Uno de los momentos de inflexión en mi vida sucedió en ese Blockbuster y es que mi hermana y yo solíamos alquilar alguna película de dibujos animados para verla mientras mis padres se iban a dar una vuelta y descansar de nosotros, que éramos unos niños muy buenos pero niños, después de todo. El caso es que, un día, mi hermana tuvo la genial idea de coger Akira cuando yo tenía unos tiernos ocho añitos (y ella 13). Os podéis imaginar lo traumática que fue aquella tarde. Mi hermana me abandonó a su suerte en el sofá a mitad de película, horrorizada con lo que estaba viendo, pero yo me quedé hasta el final. Me dio asco y no entendí nada, pero me marcó tanto que me empecé a interesar por esos dibujitos chinos que no eran sólo para niños. Fue el nacimiento de la leyenda… o de mi condena, según se mire.

A pesar de que alquilaban videojuegos (yo por entonces sólo tenía la Game Boy), el catálogo y rotación de los mismos no era muy grande, por lo que pronto empecé a alquilar casi siempre los mismos juegos (perdí la cuenta del dinero que me gasté en Link’s Awakening o El Príncipe Valiente). Por fortuna, eso cambió con el siguiente videoclub.

Posteriormente se trasladó a la Avenida de la Libertad (¿o era otra sucursal? Mmmmmm…) a un espacio también bastante extenso pero ya se notaba el declive de los videoclubes a principios del siglo XXI. Eso sí, aproveché y me compré por 2.000 pesetas el Forsaken de N64. Los tiesers estábamos al acecho de aquella cesta con juegos baratos.

PRÓXIMO NIVEL (C/Dulcinea y C/Princesa)

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Negocios actuales: peluquería y nada de nada.

Amigos, aquí sí que necesitaría a la NASA para contabilizar los millones y millones de pesetas que me gasté en Próximo Nivel. No recuerdo cómo lo descubrí, probablemente mi padre me lo comentó al encontrárselo en alguno de sus paseos pero el caso es que era un local dedicado exclusivamente a los videojuegos. El paraíso. Fue entrar y sentirme en el cielo. Fui con mis padres a hacerme socio (seguramente, el primer establecimiento comercial donde lo hice) y, como regalo, la tienda ofrecía un 2×1 en alquiler. ¡Madre mía, qué dilema! ¡¿Por qué no podía llevarme todos?! Recuerdo que uno de ellos fue el Battletoads para Game Boy. Sí, soy masoca desde pequeño. Siempre me quedaba en la pantalla del pozo. Pero, oye, mi consola nunca salió volando por la ventana, ni siquiera cuando prolongué mi tortura con Battletoads vs. Double Dragon.

El primer local era pequeñito pero con las paredes forradas de estanterías con las cajas de videojuegos bien colocadas. Los dueños eran dos chavales jovencitos y muy amables, a los que se le notaba la pasión que tenían por el tema, totalmente contagiosa. Cuando se trasladaron a la calle Princesa ganaron más espacio y, realmente, sufría viendo todos los juegos de consolas que no tenía. La tienda se mantuvo hasta los tiempos en los que le daba caña a la N64 y, aunque acabé dejando de ir porque me gastaba el dinero en comprar directamente los juegos, no os podéis imaginar la pena que me dio cuando cerró definitivamente. De hecho, hasta recuerdo el último que alquilé: Operation Winback. Qué tiempos aquellos.

VIDEOCLUB TRES (C/Río Miño)

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Negocio actual: cafetería.

Como ya os mencioné antes, aunque desde pequeño me gusta el anime (antes de saber que se llamaba así y que venía del lejano Japón), el día que vi Akira con ocho años me marcó mucho, tanto que empecé a interesarme por todo lo relacionado con la animación y el cómic japoneses. Mucho me ayudó en ese aspecto este videoclub, que se convirtió en lugar de peregrinación de mi familia después del cierre de Blockbuster, teniendo en cuenta también que estaba mucho más cerca de casa.

El local era pequeño y largo, con tres pasillos de estanterías y, al fondo, el mostrador y un pequeño rinconcito con algunos juegos de PSX. Los chavales que lo llevaban, jóvenes, eran bastante majos y siempre respondían con una sonrisa a la tabarra que les daba. Y es que el gran motivo por el que me aficioné a este videoclub era que los VHS de animación costaban la mitad que las películas de imagen real. 150 pesetas contra 300. Todo un chollo.

En el tercer pasillo a la derecha según se entraba se encontraba el pasillo infantil/juvenil, con el anime en la estantería izquierda. El catálogo no era muy amplio pero sí que tenía cosas muy interesantes, pudiendo aprovechar para cogerme varias cintas a la vez gracias al precio. Fue allí donde alquilé Cowboy Bebop, Serial Experiments Lain, La Visión de Escaflowne y tantas otras. De hecho, seguí al día la publicación de Evangelion en nuestro país, preguntando día tras día a los dependientes cuándo llegaba el siguiente volumen. ¡Incluso mis padres lo hacían cuando no me pasaba por allí! De hecho, un día, por sorpresa y sin pedírselo, mi padre me alquiló los dos primeros VHS de Record of Lodoss War. ¡Cómo los disfruté! Y mi hermana cabreada porque no podría verlos conmigo ya que tenía que salir. Como podéis comprobar, el anime fue algo que se normalizó en mi casa desde muy pronto.

Otra anécdota divertida fue la ocasión en la que alquilé Perfect Blue y mis padres no se fiaban de lo que salía en la carátula, pensando que era algo lleno de violencia y sexo. Le preguntaron al dependiente si era apropiado para mí (tendría ya unos 15 o 16 años) y él me dijo que sí, sin duda, que no era peor que otras cosas que ya había alquilado antes. Claro que luego, cuando me puse a verla en casa, mis padres se fueron a dar un paseo pero subieron un momento justo en la escena de la violación falsa. Qué oportunos…

THE FLY (C/Los escolares)

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Negocio actual: tienda de deportes de contacto y peluquería.

Este videoclub era el videoclub friki por antonomasia, llevado por un chaval que os podríais encontrar perfectamente en Clerks. Tuvo dos locales, uno muy cerca del otro, muy pequeñitos pero llenos hasta el techo de películas. De hecho, no estaba tan centrado en las novedades, sino que prefería tener un catálogo personal de lo que a él le gustaba. Y lo que le encantaba era el terror, la fantasía, la ciencia-ficción… y el anime.

Fue un local que abrió en el momento equivocado, al menos en lo que respecta a mi vida. Si me hubiese pillado un poco más crecido, estoy seguro de que hubiera sido una segunda casa para mí, pero todavía estaba muy verde, era muy modosito y me daba vértigo ver la impresionante estantería de anime que tenía, desde hentai hasta VHS de importación, algunos de ellos con las primeras muestras del mundo del fansub. Qué demonios, si incluso trajo aquella famosa versión pirata de The End of Evangelion subtitulada de aquella manera. Era un mundo en el que todavía no estaba preparado para entrar de lleno, cosa que acabaría sucediendo unos años después, ya con el videoclub cerrado. El dueño incluso vivía en mi mismo edificio y su coche estaba lleno de muñequitos de manganime. También me recomendó comprarme la N64 antes que la PSX. No sé si estuvo muy acertado ahí…

BOOM! (Plaza Príncipes de España)

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Negocio actual: sigue abierto.

Con la retirada de los VHS y el advenimiento del DVD, mis padres y yo dejamos de acudir a los videoclubes. Mi padre se abonó a Vía Digital y ahí tenía películas para aburrir. Por mi parte, el dinero lo invertía ya en comprar directamente juegos, además de empezar a coquetear con el manga y convertir mi PC en la primera opción para jugar. Era el momento en el que se empezaron a popularizar los emuladores y no os podéis imaginar lo que me alegró la vida.

El caso es que el final de mi trayectoria de alquileres está en este videoclub, donde acudía a pillar películas, anime (muy muy escaso) y, sobre todo, juegos, dando a mi N64 la caña que se merecía, llevando los cartuchos en una caja transparente de VHS donde iba dándose golpes moviéndose de un lado a otro. Incluso me atreví a alquilar algunos para PC, como Silver, Gorky 17 o Final Fantasy VIII, acojonado porque no sabía si funcionarían y si iba a gastarme el dinero en vano. Era una tensión que daba emoción a mi vida. Sí, ya sé que eran aventuras salvajes, no hace falta que lo mencionéis.

Se acabó lo que se daba. Cuando terminéis de leer este artículo, devolvedlo rebobinado y antes de tres días si no queréis una multa y que os mire con malos ojos cada vez que entréis en este blog.

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9 comentarios en “Alquilando ilusión: Los videoclubes de mi infancia

  1. Hola. Gran articulo que me trae muchos recuerdos de la infancia jeje sobre todo por el blockbuster y el proximo nivel. Solo una cosa, con la ubicacion del primer local del proximo nivel te equivocas, no era en calle alfonso VIII, era en la calle dulcinea, lo se porque yo he vivido toda mi vida en dulcinea y era socio tambien. Por lo demas gran articulo que hace aflorar los recuerdos de los que hemos crecido en alcorcon. Un saludo.

    • Muchas gracias por tu comentario y rectificación, de hecho tienes razón, me he liado con el callejero, jejejeje. Próximo Nivel era una gran tienda, de hecho cuando me hice socio llevaba muy poco abierta, creo recordar.

      • Jejeje nada tranki, me alegro de haber podido ayudarte. Ya ves yo tambien me hice socio al principio y me acuerdo que estaban en la tienda el moreno y el rubio, con el pelo largo. Me acuerdo que alli me pille mi fifa 96 para la sega mega drive y me alquilaba un juego que me molaba un monton de futbol, el sensible soccer jejeje los vicios que me metia con esos juegos no eran normales. Ademas siempre tenian en la tienda una tele con una consola para jugar a las novedades que salian. Que recuerdos tio.

  2. Madre mía qué recuerdos Próximo Nivel.. recuerdo que la tarjeta de socio era verde, al menos la de mi época jeje. Me gustaba ese ambiente de tienda de barrio que había en Próximo Nivel. Los dueños eran muy majetes. Daban aspecto de rockeros o heavis. La de dinero que me habré dejado ahí en alquiler y cambio de juegos de N64… Recuerdo con mucha nostalgia cuando conseguí hacerme con el Xtreme-G y el San Francisco R.U.S.H… el llegar a casa tras una larga caminata, (yo vivía en San José de Valderas, y entonces mis piernas eran más cortas jaja), y llegar, cenar corriendo y probarlos, y ALUCINAR. Y lo pongo en mayúsculas porque los juegos de ahora están bien, pero no me impactan como lo hacían entonces. No sé si verás este comentario, pero con la esperanza de ello te pregunto lo siguiente: ¿te dice algo “el copy”? xDD.

    Un saludo.

    • ¡Gracias por tu comentario, Iñaki! Yo también alquilé todo lo alquilable para N64, aunque llegado un momento dejaron de ampliar el catálogo de la consola y tuve que irme al Boom!, donde había más novedades. Ay, si me hubiese pillado con la afición a los videojuegos que tengo ahora…

      Y he de admitir que no, no me dice nada “el copy” ·_____·

      • Es cierto, no había mucho catálogo. Boom! es mítico también, ahí llegué a alquilar alguno de pc.

        Pues “el Copy” como lo llamaba todo el mundo, (creo que se llamaba Copyworld o algo así xD) era una tienda que había en la plaza de la antigua discoteca Vogue, (ahora es un estudio de tatuajes), muy popular en la época de la Ps1. ¿Por qué era tan popular? Porque no sólo te instalaban el chip multisistema si no que tenían un listado de juegos que iban actualizando, de tal modo que ibas, les decías que juegos querías y en un par de días te pasabas a por ellos por mil pelas cada uno jajaja. Se hicieron de oro seguro, recuerdo colas jaja. Hasta que les chaparon el garito… Es que llamarte Copy… XD.

        Y de nada, es un placer!

  3. Normal que no lo conociera, de pequeño nunca tuve la PSX así que no tuve la necesidad de hacerle el apaño xD Eso sí, ya veo que la tienda hacía honor a su nombre…

  4. yo también iba a “proxim onivel” así lo ponía en el cartel jajaja que grandes tiempos!!!

  5. He vuelto a leer este artículo y el de los recreativos de Alcorcón porque me gustaron y me identifico mucho. Añadir que hace poco encontré la tarjeta de socio de Próximo Nivel 🙂

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