Love Frequency: El débil placebo electrónico de Klaxons

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Tras dos grandes discos como Myths of the Near Future (2007) y Surfing the Void (2010) y un inolvidable concierto en la Joy Eslava de Madrid en octubre de 2010, Klaxons se ganó merecidamente un puesto como uno de mis grupos favoritos. Tal es así que el largo camino hasta Love Frequency se volvió una tortura para mí, deseando tener en mis manos más material de la banda británica.

En sus inicios, Klaxons se autoincluyeron en el género del new rave, algo que simplemente era ironía y una broma interna pero que se les fue totalmente de las manos, por lo que mucha gente les situó como líderes de ese estilo, algo que se apresuraron en negar. Más allá de etiquetas, música del grupo mezcla elementos del pop, el rock, la electrónica, la psicodelia, el punk, un puntito de noise y un espíritu de ciencia-ficción dando como resultado un combinado de lo más personal y peculiar. De hecho, escuchando algunos de sus temas me siento en un relato propio de Bradbury, Asimov o Philip K. Dick, gracias también a sus letras. El caso es que siempre han tenido un lado salvaje y desatado que da una vitalidad inmensa a sus canciones y es que, cada vez que les oigo, me dan ganas de irme a conquistar Francia yo solo.

Cuatro años después de Surfing the Void llega Love Frequency, producido por James Murphy y The Chemical Brothers y del cual muchos temas ya se desvelaron en varios conciertos del grupo. En esta ocasión parece que Klaxons se abandona a la parte más electrónica y popera de su repertorio, acercándolo en ocasiones a un dance más propio de una fiesta en una terraza de Ibiza al anochecer que de un sótano oscuro y sudoroso de Manchester. Es como si antes siempre fuesen los últimos en irse de las juergas, pedos y coreando canciones; y ahora sólo tomasen cerveza sin alcohol y se fuesen a las 2:00 porque al día siguiente tienen que madrugar.

El disco abre con los acordes de sintetizador y el vocoder de New Reality, con un buen crescendo inicial y un ritmo que, sin ser una carrera alocada hacia delante, consigue captar nuestra atención. El estribillo es contundente y la batería se incrusta en la cabeza. No es un comienzo arrollador pero sirve. A continuación empieza a sonar el primer single que apareció del disco, There Is No Other Time, un tema muy blandito, plano y poco inspirado, un ejemplo genérico de eurodance del montón. Se deja escuchar, sí, pero se escucha y se olvida tan pronto como termina.

Con Show Me a Miracle empiezan los escalofríos y no precisamente de emoción. La canción comienza con un dubstep descafeinado de baratillo para dar paso a un desarrollo más propio de una boy-band comercial al estilo Backstreet Boys o N*Sync. No, no me refiero a una parodia o una versión salvaje de ese estilo, sino a un tema pop tan vacío y blando como esos. Las alarmas empiezan a saltar aunque todavía se aprecien algunas de las bondades de Klaxons, como sus melódicas voces o ciertos arreglos secundarios.

El comienzo de Out of the Dark no parece presagiar una mejora, con un bajo discotequero funky y versos como “If you believe in love, then I believe in you; If you believe in truth, there’s nothing we can’t do” que te dan un ataque de diabetes. La cosa no remonta con el estribillo y se queda en una melodía propia de una tienda de ropa moderna para jovencitas de 14 años.

Cuando ya estás a punto de dormirte o de llorar (o las dos cosas) aparece Children of the Sun, que te da un sopapo para que espabiles con sus bucles vocales y electrónicos hipnotizantes, cierta distorsión, coros que se solapan y, POR FIN, batería, bajo y guitarra. Y es entonces cuando te das cuenta: hasta entonces todo se confiaba a la electrónica, sin atisbo de los instrumentos más tradicionales y que tan bien adaptaban Klaxons a sus inquietudes rave. El solo distorsionado del tema resucita a los muertos y hace que encaremos el resto de Love Frequency con más ganas.

E Invisible Forces mantiene el nivel. El piano con el que comienza la canción también es muy popero/dance pero adaptado al fondo musical prolijo de Klaxons, además de escuchar con gran gozo el inquisitivo bajo de Jamie Reynolds, siempre una alegría para los oídos. El tema es travieso, tiene ritmo, tiene pulso, vuelven a brillar la guitarra y la batería y da la sensación de que es el auténtico objetivo que buscó el trío con este disco, una adaptación más bailable de su estilo pero sin alejarse demasiado de él. A pesar de la tarea de James Righton a los teclados, siempre han podido presumir de realizar música electrónica con instrumentos analógicos. Viendo la forma en la que remonta el disco cuando vuelven a campo conocido, se nota que su fórmula todavía no se ha agotado, ya sea por talento a la hora de componer o simple y llana vitalidad.

Con bastante mejor humor encaramos Rhytm of Life y si el título os recuerda al “Riiiiiiitmoooooo, riiiiiiiiiitmo de la nooooocheeeeee”, la canción efectivamente vuelve a los derroteros de pop electrónico facilón. Sigue siendo agradable de escuchar pero palidece con el repunte que hemos vivido. Cuando ni siquiera notas el acelerón del estribillo sabes que algo no funciona excesivamente bien, más cuando vuelve a aflorar la guitarra Simon Taylor pero da igual. Volvemos a los vicios de Love Frequency y ya no sabemos qué nos vamos a encontrar a continuación.

Y nos encontramos con Liquid Light, un tema instrumental con una base electrónica que te acaba conquistando y un piano y sintetizador ochenteros. Ni fu ni fa, parece una pista de la BSO del videojuego espacial de turno. Las cosas pintan mejor con el comienzo de The Dreamers, con una batería que parece presagiar un tema rock o punk pero acaba sucumbiendo a la psicodelia setentera sin que termine de romper por ningún lado, convirtiéndose en un coitus interruptus.

Sin darnos casi cuenta afrontamos el tramo final del disco con Atom to Atom, que comienza con paisaje onírico bastante evocador arropado por unas voces casi susurrantes y un piano de ensueño para acabar rompiendo en el momento justo con un delirio electrónico pegajoso agitacabezas. La montaña rusa de Love Frequency finaliza con el tema homónimo, otro momento boy-band de Klaxons, inofensivo, superficial y tan blando como una rebanada de pan de molde sin corteza, con un crescendo que más bien parece un gatillazo.

El último disco de Klaxons es agradable pero blando y olvidable en muchos tramos debido a una apuesta por un pop electrónico domesticado y manso que se aleja mucho de la fuerza, vitalidad y energía propias del grupo. Temas como Children of the Sun, Invisible Forces y Atom to Atom nos recuerdan de qué son capaces e incluso se aprecian ciertas visiones de sus virtudes en las peores canciones pero en cuanto se alejan de los elementos tradicionales sobre el que basaban su estilo se diluyen cual azucarillo. Si con Myths of the Near Future y Surfing the Void arrasaban ciudades con una nave espacial de armamento brutal, con Love Frequency intentan derribar un castillo con merengues.

5’5/10 PIRULAS MÁGICAS

klaxons

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Un comentario en “Love Frequency: El débil placebo electrónico de Klaxons

  1. Este album parece mas bien uno de delphic… extraño a los Klaxons de antaño…

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