Rogue Legacy: La muerte es sólo el principio

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En los últimos años, el auge de los juegos indie ha provocado que se recuperen (supuestamente) ciertas características y géneros de antaño, como la alta dificultad, los roguelike/roguelite o los gloriosos metroidvania (sí, lo reconozco, tengo debilidad por ese tipo de juegos). Así que, ¿qué nos sale si mezclamos en una coctelera gráficos pixelados, Dark Souls, Castlevania y Spelunky? Pues algo tan rico como Rogue Legacy, desarrollado por Cellar Door Games para PC, PS3, PS4 y PS Vita.

El punto de partida es bien sencillo: encarnamos a un caballero que se interna en un castillo para acabar con la maldición que asola el lugar. Lo primero que llama la atención es, obviamente, el apartado gráfico, todo un delicioso homenaje a los 16-bits con sprites de todos los tamaños y sabores, bien animados, de diseños sencillos pero efectivos (y algo repetitivos, todo hay que decirlo), algunos efectos especiales curiosos y una fluidez general que ayuda mucho al control y a facilitarnos las cosas mientras deambulamos por las diferentes habitaciones de la fortaleza. La banda sonora y la música también cumplen, con un listado algo limitado de canciones pero de gran calidad, mezclando el chiptune con el rock (algunos temas incluso me recuerdan a Muse), ambientando perfectamente el juego. En definitiva, el apartado audiovisual es un envoltorio más que correcto sin pretender tampoco deslumbrar en su cometido.

De esta manera, tras una intro en sepia, nos internamos en el castillo con las únicas pistas de las notas dejadas por un guerrero que anteriormente se aventuró en el lugar, indicándonos que debemos localizar y derrotar a cuatro jefes para poder abrir el portón donde se esconde el objetivo de nuestra misión. En un primer momento nos sentiremos en una especie de Castlevania con un control sencillo (ataque con espada, salto y arma secundaria) y preciso que aprenderemos rápidamente pero que tardaremos en dominar. Listos para conquistar la fortaleza, atacaremos a los monstruos e iremos recolectando monedas, planos de equipamiento y runas con el mayor de nuestros ánimos. Sin embargo, nuestros enemigos y las numerosas trampas situadas en cada habitación no nos darán tregua y, más pronto que tarde, moriremos vilmente. Según lo que tardemos nos sentiremos más o menos frustrados, pero ya podremos sospechar que nos tendremos que acostumbrar a morder el polvo.

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Y con esta primera muerte es cuando empieza lo bueno del juego. Sí, en Rogue Legacy no se penaliza la derrota, sino que es un motivo más para mejorar y avanzar, lo que propicia que la partida sea más compleja y, a la vez, sencilla con cada nuevo intento. En primer lugar, deberemos elegir a nuestro heredero, una de las características más llamativas y divertidas del título. Podremos escoger entre tres “hijos” diferentes cuyas cualidades serán aleatorias. Cada uno de ellos tiene diferentes géneros, clases (guerrero, bárbaro, mago, minero…) con diferentes habilidades propias, armas secundarias (hachas, dagas, bolas de pinchos, boomerangs…) y peculiaridades físicas. Algunos son gigantes, otros enanos, miopes (reduciendo nuestro campo de visión), nostálgicos (viendo todo con un filtro sepia), incapaces de ver en 3D, no tienen pulso en los pies (por lo que no activan trampas), daltónicos, disléxicos, con hemorroides, con síndrome de Tourette… Numerosas variaciones que pueden provocar combinaciones de lo más pintorescas.

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Gracias a estas “herencias genéticas” podremos comenzar cada partida con diferentes ventajas y desventajas, aunque antes de lanzarnos a una muerte más o menos segura podremos invertir el dinero que hemos conseguido en aumentar nuestras estadísticas. Ampliando la mansión familiar mejoraremos nuestros puntos de vida, magia, ataque y defensa; el peso del equipamiento que podemos llevar o desbloquear nuevas clases y habilidades. De la misma manera, en el campamento a la entrada del castillo nos encontraremos con un herrero que forjará el equipamiento que hayamos encontrado, una bruja que activará las runas descubiertas en cofres (que podremos equipar para obtener movimientos especiales como dobles saltos, mayor rapidez de movimientos, la capacidad de ganar más dinero o puntos de vida y magia con cada enemigo derrotado…) y un inventor que podrá detener la generación aleatoria del mapa del castillo, que cambia cada vez que entramos. De nuevo, un gran abanico de posibilidades a nuestra elección y más vale que gastemos todo lo que tengamos porque para poder atravesar la puerta de entrada a la fortaleza deberemos pagar el 90% de monedas que poseamos a un misterioso ser que actúa como guardián.

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Ahora que ya nos hemos preparado bien, deberemos explorar el lugar mientras acabamos con monstruos, esquivamos trampas, conseguimos dinero y objetos y buscamos a los jefes finales, que habitan en cada una de las cuatro grandes áreas disponibles. La dificultad irá aumentando paulatinamente y el gran reto de Rogue Legacy es llegar al final usando el menor número de herederos posibles. El mero hecho de sobrevivir en un entorno tan hostil ya es de lo más entretenido pero además tendremos habitaciones con retos (como llegar a un cofre sin sufrir daños o sin atacar a ningún enemigo), objetos y minijuegos que nos otorgarán recompensas especiales. A pesar de tener un esquema muy marcado y sencillo, cada partida es un reto donde siempre estaremos motivados para llegar un paso más adelante que la anterior partida, looteando todo lo que podamos, matando todo lo que se nos cruce por delante y amasando una pequeña gran fortuna para que nuestros hijos lo hereden y sean mucho mejores que nosotros.

Y es precisamente ese círculo vicioso el que consigue que Rogue Legacy sea un auténtico… vicio, valga la redundancia. El hecho de arrasar con todo lo que podamos, explorar un castillo que cambia con cada partida, personalizar a nuestro héroe como queramos e intentar sobrevivir lo máximo posible es un caramelo difícil de rechazar, más cuando nuestra muerte no nos quita las ganas de seguir jugando, sino todo lo contrario. Aquí cambiamos el típico “Una partida/fase/turno más” por el “Un heredero más” hasta las tantas de la madrugada. Además, el juego no tiene final definido pues, cuando acabamos con el último jefe, se activa un modo Nueva Partida + que va aumentando el nivel de dificultad y recompensas cada vez que superemos de nuevo todo el ciclo.

Rogue Legacy es un juego que engancha con su ajustada jugabilidad y dificultad, irradiando un gran encanto por su sistema de personalización y herencia así como por su apartado audiovisual. Demuestra que un producto pequeño pero bien pulido y construido nos puede otorgar el mismo o más horas de diversión que cualquier título AAA que se precie, aún más cuando su precio no supera los 15€ y se puede adquirir por mucho menos gracias a las rebajas de Steam.

8/10 HEREDEROS CON HEMORROIDES

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