Oldboy, de Spike Lee (2013): Fotocopia sin tinta

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Cuando se realiza un remake normalmente debería existir un buen motivo para ello, ya sea actualizar un clásico, adaptar un producto exótico a un gusto más occidental y comercial u otorgar un mayor presupuesto a un proyecto con potencial pero mermado por sus limitaciones técnicas. Pero claro, esa es la teoría.

Vaya por delante que soy un fan fatal de la película original surcoreana homónima de 2003 dirigida por Park Chan-wook como muchos de vosotros, supongo. Y es que sé que la gran mayoría de los que estáis leyendo esta reseña lo hacéis con la curiosidad morbosa de saber si Spike Lee ha violado nuestras infancias o ha conseguido crear algo con un mínimo de calidad e incluso, quién sabe, personalidad. El caso es que, gracias a su gran éxito de crítica internacional, el proyecto de esta adaptación comenzó con mucho prestigio, con Steven Spielberg y Will Smith como posibles director y actor principal. Finalmente, el autor de Haz lo que debas, Malcom X y Plan oculto se hizo cargo de la película mientras Josh Brolin se apoderaba del papel protagonista, siendo acompañado en el reparto por Elizabeth Olsen (sí, la hermana pequeña y no rubia de las infames gemelas Olsen), Sharlto Copley y Samuel L. Jackson, todo ello con un guión firmado por Mark Protosevich (Thor, Soy leyenda, Poseidón).

La historia ya la conocemos todos, con otros nombres y ligeras diferencias, claro. Joe Doucett es un publicista borracho, salidorro y bravucón cuya vida familiar es más patética que la Duquesa de Alba en bikini. Sin embargo, una noche es secuestrado y encerrado en una cárcel privada durante 20 años, tras los cuales será liberado sin motivo aparente, listo para vengarse y descubrir quién le encerró y por qué.

Lo primero de lo que hay que ser consciente de forma lógica es que perderemos la dirección elegante y cuasi-onírica de Park Chan-wook así como la excelente banda sonora de Jo Yeong-wook, pero eso no es algo malo en sí mismo, por supuesto que no. De hecho, el comienzo de Oldboy 2013 es interesante, con unos créditos iniciales sobrios y turbadores y una buena labor de Lee en los planos, algunos copiando los de su antecesor coreano pero bien integrados con los suyos propios, especialmente aquellos que simulan el punto de vista de Brolin o que realizan movimientos retorcidos y llamativos. La adaptación estadounidense invierte más tiempo tanto en la presentación del personaje, dejándonos claro que es un cabronazo (cuando en la original coreana se dejaba más a nuestra imaginación), como en su encierro en la prisión privada.

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En este segundo segmento ya empezamos a ver algunas cosas sospechosas, especialmente en lo referente a Brolin, que en ocasiones parece optar por una actitud más hierática que la de Choi Min-sik en su momento pero luego da la impresión de que se acuerda repentinamente de él e imita sus gestos paranoicos de desesperación. No es tan natural como su antecesor y a veces chirría un poco pero el encierro tiene sus buenos momentos de humor negro y opta por un protagonista que se empeña más en buscar una vía de escape que en planear una venganza, algo ligeramente distinto pero lógico. No estamos viendo nada del otro mundo, se le notan algunos vicios típicos de su procedencia pero al menos parece algo mínimamente digno. Sin embargo, cuando el protagonista es liberado, todo se desmorona.

Parece que en ese momento Spike Lee se cansa, no se quiere esforzar, pierde el ánimo o pone a su gato a dirigir. En primer lugar, su trabajo tras la cámara empeora estrepitosamente, ofreciéndonos planos muy poco inspirados, excesivamente convencionales y aburridos, creando una nula fascinación por lo que se muestra en pantalla. En segundo lugar, es ahora cuando realmente tiene la oportunidad de hacer suya la historia de Oldboy, adaptándola al gusto estadounidense, a sus circunstancias, a su ritmo, a sus estereotipos. Demonios, podría haber convertido el argumento en una odisea noir ultrayanki lejos de la personalidad de la obra de Chan-wook pero más que valida pero finalmente se embarra de forma espectacular con una copia barata y muy deslucida que no saca provecho ni de la película original ni de su nueva ubicación.

Estando la adaptación ambientada en Louisiana, ¿acaso no se podría haber aprovechado sus escenarios y su forma de vida? En absoluto. Lee nos presenta una obsesión por mostrarnos iconografía asiática de baratillo sin razón alguna, incluyendo un Chinatown de serie Z, como presunta fidelidad a sus orígenes cuando no es más que un calco desganado para no tener que pensar ni desarrollar nada nuevo. Incluso se repite la peregrinación de las empanadillas chinas. ¿Acaso no hay platos más típicos de la zona que utilizar? Maldita sea, incluso hubiera sido deliciosamente ridículo que hubiese cambiado ese plato por unas hamburguesas de cualquier cadena de comida rápida, además de ser más lógico y adecuado. Pero no. ¿Para qué esforzarse en hacer algo nuevo cuando puedes copiar a peor?

La cosa no acaba ahí. Una de las escenas emblemáticas de Oldboy 2003 es la pelea del pasillo, rodada en una sola toma. Spike Lee ni la homenajea ni la cambia ni la mejora, sino que opta por realizar un sucedáneo en dos alturas (toma ya innovación) pero que ni es una sola toma ni es tan claustrofóbica (de un pasillo reducido y oscuro pasamos a unas pasarelas amplias y luminosas) ni es igual de natural y salvaje. La coreografía es muchísimo más lenta, con unos enemigos que más que matones parecen bailarines de una compañía aficionada realizando una versión cutre de West Side Story mientras esperan a que Brolin se acuerde de cuál es el siguiente paso que debe dar. Acaba siendo una escena ridícula y que provoca vergüenza ajena, por no mencionar lo extraño de que nadie tenga una pistola a mano, algo que se comprendía en el original coreano (debido al estricto control de armas del país) pero menos en este caso.

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¿Seguimos con escenas emblemáticas? Vamos con la tortura del martillo. Esta es la única escena de la que Spike Lee puede sentirse realmente orgulloso, ofreciéndonos un método para infligir dolor completamente nuevo y más sádico, además de mostrarnos todo de forma bastante explícita. Pero ahí se acaba la cosa. Y lo malo es que, cuando el director quiere intentar algo nuevo, lo hace con tanta desgana y/o incompetencia que ni siquiera tiene dignidad propia. Como acabo de mencionar, Lee apuesta por una violencia mucho más visual y explícita, con sangre, mutilaciones y huesos rotos en primer plano, algo que podría ayudar a reflejar el lado salvaje y vengativo del protagonista pero que realmente queda en algo completamente vacío, más cuando se pone a partir extremidades de unos chicos sin motivo alguno, por ejemplo. De igual manera, las líneas maestras del argumento original se mantienen pero intenta darle algunos giros más retorcidos que acaban siendo más sensacionalistas que dramáticos, extirpando toda la atmósfera trágica y fatalista de la película coreana. De igual manera, personajes y situaciones están incluidos de forma forzada y aleatoria, especialmente ciertos factores muy importantes, incluso desechando recursos de su antecesora que sí podrían haber sido válidos ahora, a lo que tampoco ayuda un ritmo cansino que aburre en bastantes ocasiones. Ni siquiera Lee acierta en con qué debe quedarse y qué debe cambiar para crear un producto personal, aunque el final de la cinta sí es más cínico y menos onírico y también existen algunos guiños más o menos afortunados.

Los actores tampoco acaban de ayudar mucho a que el largometraje se mantenga a flote. Aunque Brolin tenga algún momento de lucidez acaba convirtiéndose en un justiciero solitario a lo Charles Bronson en cutre, sin preocuparse ni siquiera en actuar y manteniendo siempre una expresión seria risible, especialmente cuando necesita sumergirse en el dramatismo y la desesperación (sí, ese momento final, por ejemplo). Elizabeth Olsen hace lo que puede con el papel que le han dado y Sharlto Copley está a años luz del antagonista original, convirtiéndose en un villano de vodevil al que sólo le falta la capa, el sombrero de copa y retorcerse el bigote mientras ríe de forma maliciosamente cómica. Samuel L. Jackson hace de Samuel L. Jackson y eso nunca es malo, más cuando sí que encaja perfectamente en su papel.

Oldboy 2013 falla no sólo como adaptación sino también como película con entidad propia, destruyendo un comienzo esperanzador con un periplo que, lejos de ser trágico y estremecedor, es ridículo, vacío, sensacionalista y farragoso sin inspiración ni esfuerzo alguno, un remake innecesario, sin ideas propias y que imita de forma cutre al original. Esta cinta sí que se merece ser encerrada durante muchos años en una prisión privada.

3/10 TAJOS DE CUTTER

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