¡Sube el volumen! Top 10 de mis discos favoritos

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Rob, el protagonista de la novela Alta fidelidad, escrita por Nick Hornby, era un obseso no sólo de la música, sino también de hacer listas de todo lo que le gustaba y odiaba. Yo no tengo tantos conocimientos como él, de hecho, me considero bastante inculto musicalmente, pero eso no impide que me haya liado la manta a la cabeza y haya escrito mi Top 10 de discos favoritos. Porque yo lo valgo.

El criterio es el mismo que el de todas las listas que hago, es decir, uno totalmente subjetivo y muy vinculado a mi trayectoria vital, discos a los que tengo mucho cariño por unas causas u otras. No busquéis aquí clasicazos presentes en los rankings más típicos ni me acuséis del exceso de grupos modernos. ¡Qué culpa tengo yo de ser un jovenzuelo!

10.- A CERTAIN TRIGGER, DE MAXÏMO PARK (2005)

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La lista comienza con una confesión: musicalmente hablando, soy un hijo de Gran Bretaña. Mi gusto comenzó a cimentarse en el mítico enfrentamiento entre Blur y Oasis de mediados de los 90 y terminó de explotar en el revival post-punk de mediados de la primera década del 2000. Ese rock urgente, de canciones cortas pero aceleradas, con guitarras afiladas, bajos trepidantes y baterías a la carrera me conquistó totalmente, a pesar de que fue una burbuja que acabó explotando y dejando muy pocos supervivientes. A Certain Trigger de Maxïmo Park contribuyó mucho a ello.

El comienzo con Signal and Sign ya te pone bien firme para lo que te espera pero el combo formado por Apply Some Pressure (y su mítico acelerón con What happens when you lose everything, you just start again, you start all over again), Graffiti (increíble riff de inicio) y Postcards of a Painting eran demasiado para mi cuerpo, una vitalidad increíble arropada por el vozarrón de Paul Smith. Pero ahí no acababa la cosa, tras el precioso respiro de Going Missing y I Want You to Stay, el ritmo volvía a crecer con el sintetizador electrónico de Limassol y el bello costumbrismo de The Coast Is Always Changing. Curiosamente, en el tramo final se acumulaban temas nocturnos y un poco más oscuros y juguetones como The Night I Lost My Head, Once, A Glimpse (con un espléndido estribillo), Now I’m All Over the Shop o Acrobat (una poesía electrónica con un estremecedor coro) para terminar volviendo a sus fueros con Kiss You Better. Un disco prácticamente redondo y un debut sensacional que se convirtió en una gran carga porque el siguiente disco de Maxïmo Park, Our Earthly Pleasures, me pareció muy decepcionante.

9.- MYTHS OF THE NEAR FUTURE, DE KLAXONS (2007)

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Siguiendo con la explosión post-punk del 2000, algunos meten a Klaxons ahí aunque ellos mismos se guisaron y se comieron su propio género, el nu rave, como broma por esa obsesión de mucha gente por etiquetar todo… claro que esta gente no lo pilló y se lo tomaron en serio. El caso es que este grupo mezcla el rock, el pop y la psicodelia con elementos electrónicos y unas letras dignas de cualquier relato de Philip K. Dick. Sus dos primeros discos, Myths of the Near Future y Surfing the Void, me encantan pero el primero toma ventaja por el evidente factor sorpresa.

De hecho, Klaxons consiguieron cierta fama (aunque mayormente anónima) gracias a Golden Skans, un temazo que sonó en un anuncio de champús de Garnier. El caso es que el disco contenía unos auténticos megatones con los que se podía agitar la cabeza o bien bailar o bien ir a conquistar Francia tú sólo gracias al entusiasmo que transmitían. Atlantis to Interzone te pone firme enseguida, seguido por petardazos como Totem on the Timeline, Gravity’s Rainbow o el genial cover It’s Not Over Yet. Entre medias insertan pasajes más calmados pero muy cuidados musicalmente, como As Above, So Below, Isle of Her o Forgotten Works. Por último, Magick merece una mención aparte, no sólo por ser una canción de una contundencia hipnótica memorable, sino que fue uno de los momentos culminantes del glorioso concierto del grupo el 24 de octubre de 2010 en la sala Joy Eslava de Madrid. Nunca me he puesto tan burraco con una canción en directo, tanto que apenas tengo recuerdos claros de ese momento, además de que no existen las típicas grabaciones en YouTube. Normal, si alguien se hubiera atrevido a sacar su móvil o su cámara, hubiera salido volando de cómo se puso la sala.

8.- YOU COULD HAVE IT SO MUCH BETTER, DE FRANZ FERDINAND (2005)

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Seguimos con el rock post-punk británico con uno de mis grupos de cabecera, Francisco Fernando. La verdad es que el primer disco podría estar perfectamente en esta posición pero he elegido el segundo debido a que fue una más que agradable sorpresa. Apenas un año después de aquel vibrante debut comandado por Take Me Out, el grupo liderado por Alex Kapranos sacaba otro CD a la carrera. ¿Apresurado? Sí, pero en el buen sentido pues, aun siendo continuista, YCHISMB aumenta una marcha, pisa el acelerador y brinda un álbum que no da respiro.

El riff y la batería de The Fallen rompen la introducción del disco para dejar claro que nos vamos a enfrentar a otros 41 minutos de rock urgente, lúdico y ocioso sin nada que perder. Do You Want To recoge la corona de Take Me Out como single perfecto de presentación y deja vía libre para un torrente vigoroso de música con temas como This Boy, Evil and a Heathen, I’m Your Villain o la misma You Could Have It So Much Better; todo eso mientras también clavan sus temas más calmados y sentimentales como Eleanor Put Your Boots On o Fade Together, siempre con su puntito pícaro. Para terminar, un peculiar western con Outsiders. Entonces el disco termina, respiras y deseas montarte de nuevo en esta montaña rusa musical.

7.- TYRANNOSAURUS HIVES, DE THE HIVES (2004)

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Tras mi paseo por Inglaterra y Escocia, no salimos de Europa para acabar en la gélida Suecia con un grupo que es de todo menos frío. The Hives es otro grupo de rock-punk pero más cerca del segundo género que del primero con canciones fugaces de estructuras simples pero tremendamente adictivas, música por el único motivo de la música, la agitación y el cachondeo, todo ello vestidos con sus impecables trajes. Su anterior álbum, Veni Vidi Vicious (2000) ya tenía grandes himnos como Hate to Say I Told You So, Die, All Right! o Main Offender pero en Tyrannosaurus Hives pulen su fórmula al máximo antes de la experimentación de The Black and White Album (2007).

Un disco que te mete sin anestesia Abra Cadaver para empezar aspira a convertirse en el sustituto de una sobredosis de cafeína sin ningún pudor. Esta obra tiene tanta energía que puedes acabar completamente agotado a pesar de que dura apenas media hora pero aguijonazos como Two-Timing Touch and Broken Bones, B is for Brutus, Love in Plaster, No Pun Intended o A Little More for Little You bien lo valen. Curiosamente, el exitoso single que sacaron para promocionar el álbum, Walk Idiot Walk, es uno de los temas que menos me gustan del tracklist pero, claro, decir que es el que menos me gusta en este discazo ya son palabras mayores.

6.- SONGS FOR THE DEAF, DE QUEENS OF THE STONE AGE (2002)

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A veces ocurren cosas muy curiosas como, por ejemplo, olvidarte de un grupo que te gusta mucho sin saber muy bien por qué. Esto me pasó con Queens of the Stone Age tras el lanzamiento de su disco Lullabies to Paralyze en 2005, como si alguien hubiera hurgado en mi cerebro y hubiese colocado mi recuerdo de la banda en algún rincón oculto de mi cabeza. Por fortuna, esto acabó provocando un memorable reencuentro con QOTSA a raíz de su último álbum, …Like Clockwork (2013), poniéndome al día y dando un repaso bien grande a otro gran disco como es Era Vulgaris (2007). Obviamente, también me recordó por qué me encanta el grupo liderado por Josh Homme y Songs for the Deaf tiene mucha culpa de ello.

En mi reseña de …Like Clockwork definía el sonido de Queens of the Stone Age como “Música con riffs graníticos, ritmos marcados, olor a gasolina, viajes sin rumbo a través del desierto, puñetazos en el estómago en cualquier bar de carretera, amores puñeteros que te rompen en pedazos mientras te muerdes los labios… Música de la buena, vaya, impecable y directa.”, una receta que alcanza su cima con este álbum que comienza con una traca de temazos impecable gracias a You Think I Ain’t Worth a Dollar, But I Fell Like a Millionare, No One Knows y el brutal bajo de First It Giveth. Obviamente, la cosa no queda ahí y, entre otras pistas destacadas como A Song for the Dead, Hangin’ Tree o Another Love Song, se alza sin lugar a dudas Go with the Flow, una de mis canciones favoritas de todos los tiempos gracias a su característico riff, el ritmo machacón y el piano que se te clava en el cerebro llevándote a una carrera suicida contra el horizonte. Tal química se alcanzó en esta grabación, a pesar del turbulento historial de la banda, que hasta Dave Grohl contribuyó como batería de todo el disco, algo que realmente se nota para bien.

5.- CALIFORNICATION, DE RED HOT CHILI PEPPERS (1999)

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De todos los discos presentes en esta lista, Californication seguramente sea al que más cariño tenga. ¿Por qué? Porque fue el primero que me compré con mi propio dinero (bueno, la paga de mis padres, pero ya me entendéis), en El Corte Inglés de San José de Valderas. A los RHCP ya les tenía echado el ojo desde hacía tiempo gracias a cosas como Under the Bridge o Breaking the Girl así que, viendo los singles que sacaban de su último trabajo, no pude evitar caer en la tentación de comprarlo. Y vaya si acerté, ya lo creo que sí.

Californication tenía un listado de temazos impresionante, empezando por el espídico Around the World para seguir con Parallel Universe, Otherside, This Velvet Glove, Savior, Right on Time o el tema que daba nombre al álbum, además de ponerse tiernos con cosas como Porcelain. Curiosamente, una de las pistas que más me gustan y que (creo) no es de las más conocidas ya no del grupo, sino dentro del éxito que tuvo el disco por entonces, es Easily, tanto por la historia que cuenta como por el ritmo y tono enérgico pero melancólico que toma, culminando con un solo final que me sigue poniendo los pelos de punta a pesar de su sencillez.

4.- THE QUEEN IS DEAD, DE THE SMITHS (1986)

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Aquí tenéis el clásico más clásico de esta lista, siguiendo mi estela de parroquiano de la música británica. The Smiths, ese grupo liderado por el sin par Morrissey que cantaba temas deprimentes con una sonrisa en la boca, me enamoró de inmediato precisamente por esa dualidad que daba un equilibrio bastante peculiar a su repertorio, apoyándose, claro está, en composiciones brillantes de delicadeza y elegancia supremas, con mucho corazón y cabeza, emocionantes pero contenidas, reposadas pero furiosas cuando correspondía, hasta permitiéndose gotas de humor (negro, la mayoría de las veces).

De entre toda la avalancha de grabaciones en su corta pero intensa carrera, me quedo con The Queen is Dead no sin habérmelo pensado mucho. Pero no puedo más que rendirme con himnos como Cemetry Gates, Bigmouth Strikes Again, There Is a Light That Never Goes Out, Vicar in a Tutu, Some Girls Are Bigger Than Others o el humor gamberro de Frankly, Mr. Shankly pero, si hay una canción que brilla entre todas es The Boy with the Thorn in His Side, una composición maravillosa, bellísima, triste y desgarradora que me sigue erizando el alma a día de hoy. Luego me enteré que también es la canción favorita de Morrissey en su etapa de The Smiths. Desde luego, la conexión fue inmediata y mágica, glorioso bastardo.

3.- HERZELEID, DE RAMMSTEIN (1995)

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Llegamos al podio de mi lista, nos ponemos serios, ¿verdad? Pues sí, no por hacer de menos los anteriores discos ni mucho menos, sino porque Rammstein es, junto con el grupo que viene en el segundo puesto, mi banda favorita. El combinado alemán de metal industrial, con sus altos y sus bajos, siempre ha sido uno de mis guías en el camino musical de mi vida y se lo ganó gracias a su característico sonido, sus sencillas pero poéticas letras (a nivel narrativo, es decir, de contar una historia completa a través de ellas, son de los mejores que conozco) y, vale, sí, su gran puesta en escena.

En este tercer puesto está Herzeleid pero también podría estar Sehnsucht (1997), dos álbumes que considero hermanos por tener un tono bastante similar y continuista pero finalmente elegí su debut ya que tengo debilidad por esos primeros discos donde una banda muestra sus cartas por primera vez al mundo. Además, en su tracklist está otro de mis temas favoritos de todos los tiempos, quién sabe si el que más: Seemann. No puedo describir con palabras lo que me hace sentir esa canción pero no es la única merecedora de elogio en Herzeleid, como la misma pista homónima, la grandiosa y demencial Weisses Fleisch (con uno de mis sintetizadores favoritos), Du Richst so Gut, Der Meister, Laichzeit o Asche Zu Asche. Curiosamente, el disco salió a la venta un 29 de septiembre, fecha de mi cumpleaños.

2.- ORIGIN OF SYMMETRY, DE MUSE (2001)

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Los que me conocen mínimamente saben que Muse ocupa ese lugar junto a Rammstein en mi altar particular y seguramente sea la banda de la que tengo más conocimientos, tanto como para ser la única que me llevó sus foros temáticos (el oficial y el español MuseAbuse) y querer saber todos sus cotilleos. No sólo me fascinaba su música sino que realmente me animó en esa turbulenta época adolescente donde todos sufrimos por el primer desengaño amoroso y demás tonterías de la edad. Ya les conocía desde el Muscle Museum de Showbiz (1999) pero fue Absolution (2003) quien me terminó de enganchar. Pero, cuando me sumergí de lleno en el mundo musero, fue otra obra la que me robó definitivamente el corazón.

El mismo título del disco, sugerente y misterioso, me llamaba la atención pero nada más comenzar a escucharlo sabía que estaba ante algo muy especial, uno de esos momentos en los que sabes que todo va a ir tan bien como tú deseas, que todo va a encajar perfectamente como anhelas, que el universo va a encontrar un equilibrio perfecto aunque sea de forma fugaz. Los siete primeros temas de Origin of Symmetry son un auténtico monumento a la música, consiguiendo que los primeros acordes de piano de New Born me transporten a un mundo aparte. A este sigue la luz de Bliss, la locura de Space Dementia, la aspereza de Hyper Music, el riff barroco de Plug In Baby, la distopía de Citizen Erased y la escalofriante y mórbida ópera rock de Micro Cuts. En su momento le tenía cierta ojeriza a Screenager por romper el ritmo tan alto y contundente del álbum pero he acabado apreciándola como un sueño en el que nos vemos atrapados para conducirnos a Darkshines, Feeling Good y la mesiánica Megalomania. A mi amor por este disco también contribuyó muchas de las geniales caras B que Muse se marcaba por aquella época pero esa ya es otra historia…

1.- HIDDEN, DE THESE NEW PURITANS (2010)

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Yo mismo estoy sorprendido. No, no es que no supiese que este disco iba a conseguir el primer puesto sino que, de todos los aquí mostrados, es el más reciente. Es decir, que me pilló más crecidito, más curtido musical y emocionalmente y, por tanto, más blindado a las sorpresas. Pero aún así lo consiguió, lo que le otorga aún más mérito si cabe. El primer disco de These New Puritans, Beat Pyramid (2008), había aprovechado los últimos coletazos de esa explosión post-punk de mediados de década con una apuesta más oscura y marcial que la de sus compañeros. Me había gustado bastante pero nada me había preparado para Hidden.

Una crítica definió este trabajo comparándolo con el monolito de 2001: Una odisea en el espacio, oscuro, misterioso, poderoso, turbador, enigmático y matemáticamente perfecto. Hidden es otro mundo, uno en el que conviven espíritus, mitos, leyendas, rituales, magia, ciencia, ordenadores, código binario, fuego, sangre, bosques, ríos, pólvora, metal, carne, caballeros de la mesa cuadrada y autopistas de asfalto. Un mundo lleno de aristas y matices, de elementos antagónicos que se fusionan de forma perfecta, como el sonido de These New Puritans, entremezclando una suntuosa orquesta de viento, guitarras eléctricas, ritmos pop, tambores taiko, piano, cristales rompiéndose, cadenas arrastrándose y sandías siendo aplastadas simulando el sonido de una cabeza humana hecha trizas.

Time Xone, con los instrumentos poniéndose a punto para lo que nos espera, da paso al sintetizador ominoso de We Want War, un himno oscuro, potente y desconcertante que funciona como inmejorable bandera de este disco tanto a nivel de sonido como de tono y lírica. Al escucharlo se tiene la certeza de que todo es, efectivamente, matemáticamente perfecto, de una precisión absoluta, tanto que llega a asustar. Three Thousand, Hologram, Attack Music (que se atreve a beber del reggaeton), Fire Power, el sobrecogedor estribillo de Orion, Canticle, Drum Courts – Where Corals Lie, White Chords y el sensacional cierre con la estremecedora 5 discurren de forma hipnótica, atrapándote, hundiéndote en la oscuridad sin posibilidad de escape. No es un disco para cualquiera pero sí que es un disco para mí. Un disco inolvidable.

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Un comentario en “¡Sube el volumen! Top 10 de mis discos favoritos

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