Dragon’s Crown: La belleza de la aventura

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Cuando era un tierno colegial solía pasar muchas horas en los diferentes salones recreativos de mi ciudad, como ya os he comentado en otras ocasiones en este mismo blog. Dos de las máquinas que más me fascinaban eran las dos entregas de Dungeons & Dragons desarrolladas por Capcom, primero Tower of Doom y luego el genial Shadow over Mystara. Doble pantalla, hasta cuatro jugadores simultáneos, diferentes clases que elegir y muy diferentes entre sí, posibilidad de equipar objetos y armas, rutas alternativas, un apartado audiovisual de campanillas, 50 pesetas la partida… Una delicia.

En estos dos juegos participó George Kamitani, que acabaría fundando el estudio Vanillaware, caracterizado por brindar obras con preciosos gráficos en 2D y sistemas jugables que actualizaban géneros clásicos como el beat’em up. Así, acabarían ofreciéndonos títulos tan jugosos como Odin Sphere, GrimGrimoire o Muramasa: The Demon Blade. Sin embargo, en 2013 se embarcaron en su proyecto más ambicioso hasta la fecha, un heredero de esos Dungeons & Dragons pero elevado a la máxima potencia: Dragon’s Crown.

La historia se sitúa en el reino de Hydeland, localizado en el mismo universo de Odin Sphere y GrimGrimoire, presentando la reliquia que da nombre al juego, un poderoso artefacto capaz de controlar a los dragones y que es buscado por diferentes facciones para conseguir subir al trono del país. De esta manera, la regencia vigente nos encomienda la misión de encontrarlo y asegurarlo para que la corona no se vea en peligro. El argumento es sencillo pero una perfecta excusa para hacernos visitar numerosas localizaciones, desde palacios y torres a mazmorras y bosques, enfrentándonos a las más diversas criaturas.

Todos los que hemos disfrutado con los juegos de Vanillaware sabemos qué podemos esperar de ellos como, en primer lugar, unos gráficos que lucen una inmensa belleza en 2D, con personajes y escenarios que dan la impresión de estar dibujados a mano, con un nivel de detalle y un diseño artístico estremecedores que provocan que cada captura de pantalla sea un auténtico cuadro merecedor de estar expuesto en cualquier museo de postín. Los trazos, la paleta de colores, los efectos especiales, los diferentes planos de profundidad donde podremos observar movimientos ajenos a nuestra aventura como pájaros volando, geografía en la lejanía o tormentas; la lograda ambientación de cada nivel llevándonos de un castillo en llamas a un calabozo de forma en apenas un par de fases, la cuidada iluminación, la integración de efectos 3D…

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Siempre ocurre algo en pantalla, los escenarios están vivos, nuestro paso por ellos está muy bien reflejado ya sea destruyendo lo que veamos, vadeando un estanque o huyendo de un incendio. Todo esto se potencia gracias a unas animaciones suaves, fluidas y que disfrutan de un frame rate estable, ofreciendo delicadeza, sutilidad y contundencia, sin tener nada que envidiar a algunas producciones cinematográficas animadas. Todo ello manteniendo la personalidad tan característica de Vanillaware, con esos personajes de proporciones exageradas pero, a la vez, gráciles y elegantes, insuflando de una magia especial todos sus juegos. No es exagerado afirmar que Dragon’s Crown es una de las cumbres de los gráficos 2D en toda la historia, tanto en consolas como en PC. Enfrentarnos a los jefes finales nos cortará la respiración y descubrir las innumerables referencias a obras de arte, películas y mitología nos dibujará una sonrisa en el rostro.

El apartado visual se ve arropado perfectamente por el sonoro, empezando por la banda sonora del habitual Hitoshi Sakimoto, que ya participó en Odin Sphere, GrimGrimoire o Muramasa; además de en otros juegos tan conocidos como Final Fantasy Tactics, Vagrant Story, Final Fantasy XII o Valkyria Chronicles. Sus composiciones vuelven a llevarnos a un mundo de fantasía y épica, con temas que saben acelerarse en los momentos de acción y acunarnos en otros más calmados y/o oníricos, con especial cuidado en las cuerdas, los vientos y los coros. Todo eso está acompañado por unos efectos sonoros igualmente cuidados, con multitud de variantes de pisadas, metales entrechocando, explosiones, gritos guturales, caídas… Cada escenario, cada personaje, cada monstruo está perfectamente representado simplemente por sus sonidos y voces, lo que beneficia mucho a la ambientación.

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En lo que respecta a la jugabilidad, bebe directamente de los Dungeons & Dragons y los actualiza de forma sutil pero profunda. En primer lugar, deberemos elegir una de las seis clases que están a nuestra disposición: guerrero, mago, hechicera, enano, amazona y elfa. Cada una es completamente diferente a las otras, con sus propias habilidades, ataques y estadísticas, constituyendo una de las mayores diversiones del juego el utilizar cada una de ellas y dominarla. El guerrero se especializa en espada y defensa, el enano puede agarrar a enemigos y lanzarlos, el mago es especialmente potente con los hechizos ofensivos y debe recargar sus puntos de magia manualmente, la hechicera es una clase de apoyo que también debe recargar sus PM de forma manual, la amazona aumenta su poder de ataque a medida que encadena combos y la elfa es una maestra del arco. Unos personajes son más fáciles de controlar que otros pero siempre encontraremos el que se adapte más a nuestro estilo.

Una vez elegido nuestro héroe, el juego nos lanza a una aventura, acompañados por bots o amigos, a través de diferentes niveles donde deberemos, básicamente, derrotar enemigos, recoger tesoros, encontrar equipamiento y eliminar al espectacular jefe final para poder avanzar. Sobre una estructura de beat’em up clásico, deberemos utilizar todas las virtudes de nuestro personaje para superar los obstáculos, en un sistema muy equilibrado que nos exige un aprendizaje concienzudo pero que jamás nos frustrará, enfrentándonos a enemigos de diferente naturaleza y condición que harán de los combates algo divertido y frenético, muchas veces teniendo que abrirnos camino a través de hordas de monstruos de una forma un tanto caótica debido a la gran cantidad de cosas que ocurren en pantalla, pero a lo que pronto nos acostumbraremos, sintiendo que, realmente, estamos envueltos en una escaramuza a vida o muerte.

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Una de las grandes virtudes de Dragon’s Crown es la sensación de progreso que ofrece, siempre añadiendo cosas nuevas para que la jugabilidad no se estanque y tengamos más desafíos a los que enfrentarnos. En primer lugar, ganaremos puntos de experiencia que subirán nuestro nivel y nos otorgará de puntos de habilidad que podremos canjear en el Gremio de Aventureros, ya sea en parámetros comunes como puntos de vida o especializados de cada personaje, abriendo un árbol de posibilidades con el que personalizar nuestro héroe de la forma que creamos más conveniente y que se adapte más a nuestro estilo. De la misma manera, deberemos identificar cada arma, equipamiento y objeto que consigamos, cada uno de ellos con unas estadísticas básicas a las que se suman otras más concretas y que varían sustancialmente de una a otra, ya sea mejora de daño elemental, mayor efectividad contra un tipo de enemigo, aumento de alguno de nuestros parámetros, habilidades pasivas de apoyo, estados alterados, etc. Gestionar nuestro inventario será todo un desafío concienzudo y matemático para configurar equipaciones lo más efectivas posibles para una u otra ocasión, más teniendo en cuenta que, a lo largo de la aventura, podremos obtener hasta seis bolsas para guardar diferentes configuraciones. Además, cada uno de los objetos se desgasta, por lo que tendremos que repararlos o reabastecernos antes de que se rompan.

Por si fuera poco, a medida que avancemos en la aventura iremos desbloqueando más contenido, como rutas alternativas que nos presentan diferentes desafíos que se alejan del mero combate, como enfrentarnos a los tentáculos de un kraken o diversos puzzles; la posibilidad de recorrer varios niveles de forma consecutiva para aumentar la posibilidad de conseguir más dinero y mejores tesoros; un minijuego de cocina para potenciar de forma temporal nuestros parámetros, esqueletos que podremos recoger para resucitarlos y que nos sirvan de compañeros o enterrarlos y tener la oportunidad de encontrar un objeto, un coliseo donde luchar contra otros jugadores, runas mágicas escondidas en los escenarios que nos ofrecen ventajas si las invocamos con las que compremos en la ciudad e innumerables aventuras secundarias que sólo se podrán cumplir bajo circunstancias muy concretas y que incluso nos obligarán a cambiar nuestra forma de jugar pero que nos obsequiarán, entre otras cosas, con geniales ilustraciones disponibles en la Galería. Lo que parece un juego sencillo y simple se acaba convirtiendo en una obra con una profundidad inmensa. De hecho, terminarnos el juego por primera vez es sólo el comienzo, desbloqueando nuevos niveles de dificultad con nuevas misiones, contenido e incluso una mazmorra exclusiva. Aunque superar Dragon’s Crown de forma básica nos pueda llevar unas 15 horas, esta obra dura lo que queramos que dure porque siempre existirán motivos para volver a ella.

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Si bien podemos disfrutar del juego en solitario (apoyándonos en bots), la diversión se dispara en el modo multijugador, ya sea local (disponible desde el principio) u online (que se desbloquea a mitad de la aventura principal y cruza PS3 y PS Vita), donde podremos recrear ese frenetismo propio de los arcade de antaño, con la necesidad de actuar en equipo pero provocando rencores en ese momento en el que estás al borde de la muerte y tu amigo te roba esa comida que te venía tan bien para recuperar puntos de vida. Desgraciadamente, no podremos exportar nuestros personajes a otras consolas y el modo online es muy escaso en opciones, sin posibilidad de crear partidas privadas.

Dragon’s Crown actualiza y revitaliza la receta clásica de los Dungeons & Dragons ofreciendo un beat’em up con tintes de RPG lleno de personalidad, belleza audiovisual, contenido, profundidad y una jugabilidad pulida y equilibrada para crear una obra perfeccionista que atrapará sin remedio a todos los aficionados del género durante decenas de horas. Un juego único, especial, divertido y apasionante, una muestra gloriosa de lo que debe ser un videojuego.

9,5/10 TESOROS DE NIVEL S

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2 comentarios en “Dragon’s Crown: La belleza de la aventura

  1. Si no fuera por mis horarios rarísimos y la tanda de juegos apilados que hay por casa, te diría algo de jugar online.

    Completamente de acuerdo contigo en
    lo que cuentas. Menuda maravilla y qué preciosidad de arte la de este Dragons Crown.

    Pd. Mi favorita es la ladrona, aunque comencé mi partida con la bruja cachonda porque siempre me ha gustado escoger a magos en los RPG.

    • Mi personaje de cabecera también es la elfa, me encanta su versatilidad y agilidad, disparar flechas mientras no paras de moverte y esquivar por toda la pantalla… ¡y además es monísima!

      Yo llevo ya más de 65 horas, la mitad con amigos online, y me queda todavía pasarme el Dragón Ancestral en Infernal y la última parte del Laberinto. Una vez entras, no puedes salir.

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