El destino de Júpiter: La chapuza galáctica de los niños Wachowski

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Desde que revolucionaron el mundo del cine gracias a la trilogía de Matrix, los hermanos Wachowski han sufrido el gran peso del éxito sobre sus espaldas, sin poder cumplir las desorbitadas expectativas de crítica y público con producciones como Speed Racer y El atlas de las nubes. El destino de Júpiter es su último intento por colocarse en primera fila del panorama cinematográfico, presentando una space opera de proporciones colosales.

Finalizada en 2013 pero cuyo estreno se ha retrasado hasta el 6 de febrero de 2015 debido al gran esfuerzo de post-producción, los Wachowski dirigen y escriben una película cuyo reparto está liderado por actores tan populares como Mila Kunis, Channing Tatum o Sean Bean. La historia nos presenta a Júpiter Jones, una joven chica de la limpieza frustrada con su vida que se verá involucrada en una gran conspiración galáctica cuando Caine Wise, un mercenario mitad humano y mitad lobo, venga en su búsqueda.

Parece que, con El destino de Júpiter, los Wachowski han creado un recipiente bonito en el que verter una ingente cantidad de clichés, referencias, guiños y estereotipos sin importar mucho que el guión tenga un mínimo de coherencia o entretenimiento. La película recurre a a conceptos rancios y muy manidos, acompañándolos de diálogos infantiloides, chistes desastrosos propios de un niño de guardería y un desarrollo prácticamente nulo de personajes, enclaustrando a cada uno de ellos en un rol típico y tópico, desde la heroína que intenta recuperar el control de su destino (pero que al final no hace nada de nada, no tiene iniciativa propia y se deja llevar de un lado a otro) y el duro de corazón de oro hasta el villano de vodevil y el playboy manipulador propio de una telenovela. Da la impresión de que los actores intentan sacar adelante con la mejor de las intenciones los papeles insufribles que les han tocado pero no consiguen salvar unos personajes caricaturescos y pueriles.

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El ritmo es muy torpe, las escenas se encadenan una detrás de otra sin orden de concierto, el guión presenta muchos términos y conceptos grandilocuentes para intentar dar empaque y prestigio a una trama muy básica y simple, sin encontrar nunca una mínima coherencia, dando la impresión muchas veces de que son simples pantallas de videojuego que los protagonistas tienen que superar, lanzando datos que luego no tienen ninguna importancia en la trama. Los Wachowski no parecen comprender que más no es siempre mejor y acumulan de forma descarada razas, planetas, filosofía barata, drama con olor a naftalina y conceptos supuestamente profundos y complejos, incluyendo mensajes demasiado elementales y pueriles sobre el amor o lo malo que es el capitalismo. Hay tramos, chistes y diálogos que provocan vergüenza ajena, como las referencias a Crepúsculo, la peripecia burocrática, la escena de princesa Disney de Kunis con las abejas, los momentos románticos de los protagonistas o la acartonada maldad de los hermanos Abrasax. El destino de Júpiter parece un proyecto creado por dos niños de 8 años a los que han dado un presupuesto desmesurado y a los que sólo les importa meter todo lo que les gusta y piensan que es molón, sin preocuparse en hacer una película mínimamente sólida y coherente, un cajón de sastre completamente desastroso a nivel argumental. Como resultado, además de todo lo mencionado, la película se hace larga, pesada y aburrida, consiguiendo que nos dé igual lo que pase en pantalla incluso antes de llegar al ecuador de la misma.

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Al menos se puede salvar el apartado técnico, con escenarios grandiosos llenos de detalle y variedad, diseños recargados que buscan la grandilocuencia galáctica más desatada, efectos especiales bien realizados y una galería de criaturas de lo más variopinta, aunque a veces todo sea algo recargado y excesivo. Algunas escenas de acción están bien rodadas, especialmente las que explotan la habilidad del personaje de Tatum de patinar por el aire, aunque su efectividad se pierde más pronto que tarde y ciertos momentos no pasan de correctos, rodados con falta de inspiración y algo de fatiga o abusando de la cámara lenta. La banda sonora no molesta pero tampoco resalta, limitándose a acompañar lo que ocurre en pantalla pero siendo bastante olvidable.

El destino de Júpiter es una película mala, rancia, torpe, infantiloide, aburrida, risible y con un guión horroroso falto de coherencia, una ensalada desastrosa que lastra y hiere mortalmente todo lo que ocurre en pantalla, cuyo apartado técnico es lo único salvable dentro de un despropósito total impropio de dos mentes que revolucionaron en su momento el mundo del cine.

2/10 CHISTES CHUSCOS SOBRE PERROS

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