Drones, de Muse (2015): Robots que no terminan de matar

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El trío de Devon alcanza su séptimo disco cuya concepción estuvo ligada a una promesa: regreso a los orígenes. Si bien algunos quisieron identificar esa frase como la resurrección del sonido de Origin of Symmetry o Absolution, parecía más bien indicar que se alejarían de la fusión de géneros y grandilocuencia habituales desde Black Holes and Revelations para centrarse en el combo más básico del rock: guitarra, bajo y batería con muy pocos añadidos.

Los tres primeros álbumes de Muse siguen siendo mis favoritos con diferencia mientras que el punto más bajo que he vivido con ellos fue The Resistance, un disco que, sin desmerecer su calidad técnica, me dejó frío, siendo totalmente olvidable e intrascendente para mí, hasta el punto de que hace años que no lo escucho. Sin embargo, y a pesar de las críticas, The 2nd Law hizo que recuperase la esperanza gracias a temas como Animals, Isolated System, Survival o Supremacy, que parecían recuperar la fuerza de antaño. Por eso, esperaba el lanzamiento de Drones con ganas, más ante la posibilidad de que el guitarreo cobrara una mayor importancia.

Un disco que el grupo se ha encargado de desmenuzar en las semanas anteriores a su lanzamiento, publicando hasta seis temas (más de la mitad) antes de que pudiéramos escucharlo íntegro, presentando una obra conceptual sobre un hombre y su deshumanización al convertirse en un arma de guerra, derivando en su rebelión ante el sistema y su alzamiento solitario al poder. Quizá por esa necesidad de narrar esa historia las letras son algo torpes y básicas a lo largo de Drones, alejándose de metáforas y dobles sentidos para entregar un libreto explícito y, en algunas ocasiones, demasiado simple. Un factor que ha empeorado con respecto a trabajos anteriores pero que no tiene por qué penalizar la faceta puramente musical.

El álbum abre con Dead Inside y una batería contundente y popera sobre la que se montan ciertos arreglos electrónicos y la voz seductora de Matt. Si bien comienza con cierto potencial, la canción nunca termina de despegar y se encuadra en ese single pseudopop y blandito que suelen incluir en sus últimos trabajos, como Madness en The 2nd Law o Undisclosed Desires en The Resistance. Además, en el tramo final, nos encontramos con esa manía de Muse de emular a U2 en ciertos pasajes, tanto musical como vocalmente. Un tema destinado a las radios más comerciales, sin lugar a dudas.

Sin embargo, tras el interludio Drill Sergeant, arranca Psycho, un tema que se abanderó como ese regreso a los orígenes que tanto se promocionó desde que se supo de la existencia del disco. Reciclando uno de sus riffs de outro más utilizados en vivo (data, como mínimo, de 2003), disfrutamos de una canción de ritmo y guitarras graníticos, falsettos en el estribillo y una fuerza muy bienvenida para sacudirnos la modorra de Dead Inside. Si bien se agradece que la guitarra tome tanto protagonismo, el conjunto acaba siendo algo plano y repetitivo, sin ningún giro que retuerza el tema y le dé un mínimo de sorpresa. Un buen tema pero algo desaprovechado.

Con las primeras notas a piano de Mercy nos acordamos irremediablamente de Starlight y, después de todo, se la puede definir como una versión un poco más rockera de aquella. Es un tema optimista y juguetón con un estribillo que rinde homenaje a Origin of Symmetry entre sintetizadores y falsettos. Es una composición sencilla pero pegadiza, una buena fusión de pop y rock que entra muy bien y resulta muy agradable al oído. Nos prepara bien para el verdadero apogeo de Drones.

Un tapping marca de la casa que hacía mucho que no escuchábamos en disco catapulta Reapers muy arriba, con una batería a la carrera y un bajo hipnótico para dar paso a unos riffs propios de Rage Against the Machine, voces distorsionadas y cambios de ritmo entre puentes y estribillos. Suena desesperado y urgente, así como el solo de guitarra, que se retuerce acompañado de un bajo que incluso se atreve a algún guiño funky. Un tema potente, de lo mejor del disco, con final apoteósico propio de los conciertos en vivo de Muse que nos conduce a, sin lugar a dudas, el clímax del álbum.

The Handler es una canción visceral, ominosa, turbadora, oscura, con un ritmo pesado como el de un coloso imparable, una perfecta definición de la transformación de hombre en máquina impasible. La voz de Matt es más hipnótica que nunca, la guitarra araña notas, el bajo se permite unos pasajes de gran belleza y el solo recuerda a una versión retorcida de In Your World. Es el momento en el que todos los engranajes de Drones funcionan a la perfección para construir un crescendo que explota finalmente con un muro granítico de guitarra y falsettos sin esperanza.

Es difícil mantener el nivel tras esta gran canción pero el interludio de [JFK] da paso a Defector, otro tema que apuesta por los riffs contundentes de guitarra, especialmente pegadizos en este caso al igual que el solo, sumando unos coros propios de Queen aunque acaba repitiendo los mismos recursos faltando cierto mordiente pero sigue dejando un buen sabor de boca.

En Revolt, Muse nos hace el cambiazo y dejan su puesto a The Killers con una canción optimista pero inofensiva, empalagosa y edulcorada, gorgoritos de radiofórmula y un estribillo para el anuncio de cualquier marca de refresco. Tras la buena racha que llevábamos corta bastante el rollo, más cuando es sosa y plana. Un tema intrascendente y de lo más olvidable.

Por desgracia, Aftermath no mejora el asunto. Llegamos a la balada de rigor de cada disco y sus primeras notas nos recuerdan a One de U2. Oh, no, alarma, cuidado, precaución. A pesar de contar con un punteo interesante, no consigue un tono suficientemente emocionante como para no dormirnos mientras la escuchamos. De hecho, los coros finales parecen estar escritos por el propio Bryan Adams. Es bueno tener un momento de respiro en el disco pero parece relleno más que otra cosa.

Unos truenos nos despiertan para introducirnos en The Globalist, la cacareada segunda parte de Citizen Erased que, realmente, no tiene nada que ver musicalmente con ella. El comienzo de hecho parece indicar una secuela de Knights of Cydonia, con un silbido y una guitarra que encajarían perfectamente en cualquier espagueti-western, homenajeando una vez más a Ennio Morricone. Este primer tramo sí que consigue transmitir emoción, soledad y anhelo para romperlo en pedazos con un puente central dominado por un riff cruento de guitarra, acompañado de un bajo desatado y una cuenta atrás que explota con espíritu metal y un punteo apocalíptico pero que termina demasiado pronto, un coitus interruptus que deja con ganas de más. Además, da paso al pasaje a piano típico de Matt, un déjà-vu de temas como Exogenesis y, especialmente, United States of Eurasia. No está mal pero es casi una fotocopia de cosas que ya habíamos visto en anteriores discos, con el líder recreándose demasiado en sí mismo. Al final, esta pieza mastodóntica de 10 minutos resulta algo irregular, mal medida y que no responde a las expectativas creadas desde sus primeros compases.

Y para terminar, el tema que da nombre al disco. Una enorme troleada de casi tres minutos. No pienso dar más datos. Id y escucharlo, a ver qué cara se os queda.

Drones es el disco más homogéneo de Muse desde Absolution, cumpliendo la promesa de volver a lo básico y abandonar la fusión de géneros para centrarse en el rock, dando un mayor protagonismo a las guitarras, así como a la versatilidad vocal de Matt, el papel de Chris en el bajo dejando de ser un mero acompañamiento y Dom rayando al buen nivel al que estamos acostumbrados. Sin embargo, a pesar de buenas canciones como Reapers o The Handler, en muchos momentos el álbum es plano, repetitivo e intrascendente, con temas que no molestan al oído pero que tampoco acaban por dejar huella y letras torpes y básicas. Drones es una promesa cumplida pero no es una que recordaremos toda la vida.

7/10 DRONES DE AMAZON

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Un comentario en “Drones, de Muse (2015): Robots que no terminan de matar

  1. Muse solía ser de mis consentidos y el que se ganó mi corazón fue “Black Holes and Revelations”, pero en sus últimos trabajos como que sentí que se perdió ese no sé qué y dejé de seguirlos igual que antes. Tal vez le de otra otra oportunidad luego de esto.

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