Star Wars: El despertar de la Fuerza – Regreso a casa

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Es el fenómeno del año. Nos han bombardeado desde hace meses con el retorno de la franquicia creada por George Lucas. Disney puso en marcha una maquinaria que nos obligara a sentir la necesidad de ver la primera entrega de la nueva trilogía, aunque para muchos apenas era necesario nada para sentirse ilusionados con este nuevo comienzo. Pero, ¿está El despertar de la Fuerza a la altura de las expectativas?

JJ Abrams (Misión Imposible III, las dos últimas entregas de Star Trek, Super 8) se encarga de dirigir esta nueva historia situada 30 años después del final de El retorno del Jedi (1983). Tras la derrota del Imperio, de sus cenizas surge la Primera Orden, que intenta continuar con la tarea de conquista y dominio galáctico enfrentándose a la Resistencia, apoyada por la recién nombrada Nueva República. Mientras este conflicto se produce, una chatarrera llamada Rey (Daisy Ridley) y un stormtrooper que decide desertar del ejército (John Boyega) se cruzarán en el camino del rebelde Poe Dameron (Oscar Isaac) y el droide BB8, poseedores de una información importante que el malvado Kylo Ren (Adam Driver) desea: un mapa que lleva a la ubicación del mítico Luke Skywalker (Mark Hamill), el último Jedi.

Esta séptima película se presenta como una vuelta a los orígenes de la trilogía original, recuperando tanto su esencia como su forma, apostando por una aventura espacial llena de soap opera, humor y acción. Esta intención se presenta desde el mismo apartado visual, que prescinde en todo lo posible de los gráficos de ordenador para apostar por efectos prácticos tradicionales, otorgando al conjunto un aire menos artificial y más sucio y tangible que el de las precuelas, con una galería de localizaciones, criaturas, naves y robots muy amplia y diversa. Las escenas de acción están brillantemente resultas, especialmente las protagonizadas por naves espaciales, incluyendo el vuelo de cierta chatarra que merece entrar en los primeros puestos de momentos más espectaculares de la franquicia. Si las imágenes no fuesen ya lo suficientemente llamativas, la banda sonora de John Williams incorpora nuevas composiciones integradas a la perfección con las clásicas, usadas con sabiduría a la par que los efectos sonoros.

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El ritmo no se detiene en ningún momento de las dos horas y quince minutos de duración, con un guión sencillo (que no simple) que permite desarrollar una aventura apasionante que recupera sensaciones de Una nueva esperanza gracias a adoptar su estructura básica y actualizarla, tanto a nivel técnico como narrativo. La incorporación de los nuevos personajes es todo un acierto, con una Rey llena de carisma, inocencia y determinación; un Finn inmerso constantemente en el miedo y el dilema; un Poe que derrocha carisma a pesar del poco tiempo que disfruta en pantalla; y Kylo Ren, un villano más terrorífico en cuanto más humano es, un proyecto de Sith con arranques de ira y una inseguridad que intenta superar a través de la fuerza y el odio mientras se siente a la sombra de Darth Vader. Tampoco hay que olvidar el gran trabajo realizado con BB8, que consigue llenar el hueco dejado por R2-D2 gracias a una expresividad que va más allá de lo que cualquier robot del universo Star Wars ha alcanzado hasta ahora.

Las referencias y conexiones a la trilogía original son amplias pero bien integradas, tanto en lo estético (con la constante aparición de los restos del Imperio) como en lo argumental, con la aparición de personajes clásicos con mayor o menor incidencia en la trama. Gracias a esta unión se potencia una de las características más importantes de las tres primeras películas, el culebrón familiar, ese espíritu de soap opera que se mantiene al mismo nivel en esta entrega y consigue que los personajes y el espectador se impliquen aún más en los acontecimientos de la historia. En este aspecto, los aficionados van a disfrutar como niños en un parque de atracciones gracias a la fusión de lo nuevo y lo nostálgico.

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Quizá se le puede achacar a la película que reutiliza muchos recursos ya vistos en la saga, con cierta sensación constante de déjà-vu en el que todo puede llegar a ser demasiado familiar y previsible. Pero es que precisamente eso es lo que busca esta cinta, recuperar las sensaciones que producía la trilogía original, traerlas a 2015 y enamorar tanto a los que querían reencontrarse con ella como a los nuevos aficionados, por lo que es indispensable entrar en ese juego para disfrutar esta aventura al máximo. Los que esperaban algo más arriesgado y diferente o un paso más allá en la actualización de las películas clásicas, pueden sentirse un poco decepcionados pero eso no devalúa ni muchos menos el espectáculo. También hay personajes desaprovechados en mayor o menor medida, como Poe, Luke Skywalker o la capitana Phasma, pero seguramente se deba a que tendrán más peso en el futuro.

Star Wars: El despertar de la Fuerza es el retorno a todo lo que nos gustó de la primera trilogía: carisma, fascinación, aventura, acción, humor, culebrón familiar, filosofía oriental disfrazada de Fuerza, buenos muy buenos, malos muy malos, robots casi humanos, etc. La actualización de todos sus elementos es más que satisfactoria de la mano de JJ Abrams y, aunque ese regreso al origen conlleva la reutilización de muchos recursos familiares y previsibles, no empañan un espectáculo total que no se detiene en ningún momento.

8,5/10 TRUCOS DE JEDI

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